
El viernes 25 de septiembre, a las 20:00, Mérida se pone jaranera. El magno festejo en honor al Santo Cristo de las Ampollas es gratuito y muy local, con música y baile en vivo, y funciona como un plan cultural para vivir la identidad yucateca desde adentro. La fiesta coincide con la Exaltación de la Santa Cruz, que cae el 14 de septiembre, y el ciclo se cierra hasta el 17 de octubre, con una misa y una procesión en las que la imagen regresa a su nicho. Durante estos días, y desde el 16 de septiembre, varios grupos apostólicos van visitando al Santo Cristo.
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Para entender por qué una imagen tiene tanta presencia aquí, conviene conocer su historia, que es casi tan accidentada como la del estado. El Santo Cristo de las Ampollas es una advocación mariana venerada en Yucatán, patrona y protectora de Mérida y de todo el estado, y está catalogada como el tesoro número 64 de la categoría de esculturas en madera y piedra dentro del proyecto "100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán". La escultura se talló en el siglo XVII a partir de un tronco en el pueblo de Ichmul, a 173 kilómetros al sur, y se ganó su nombre después de sobrevivir a un incendio en 1634 que dejó la madera ennegrecida y con marcas parecidas a ampollas. En 1645 fue trasladada solemnemente desde Hocabá, donde había quedado tras la muerte del sacerdote Juan de la Huerta en 1644, hasta la Catedral de Mérida.
La imagen que hoy preside el altar mayor del templo catedralicio no es la original. Aquella fue destruida durante la Revolución, el 24 de septiembre de 1915, cuando una turba atacó la Catedral; según algunos testigos, la imagen terminó tirada al mar por las costas de Sisal. Lo que hoy se venera es la continuación de esa devoción, y una réplica del retablo encargado en 1961 al ebanista Florentino Canté se conserva en el Museo Diario de Yucatán, el MUDY, para quien quiera ver de cerca el trabajo de madera que acompaña a la imagen.
El momento fuerte del festejo es, precisamente, la vaquería del 25 de septiembre a las 20:00, cuando la música jaranera toma el protagonismo y el baile se vuelve el centro de la noche. Es una de esas tradiciones que mezclan lo religioso con lo popular y que, al ser gratuita, se presta para ir en familia o con amigos y simplemente observar cómo se vive la identidad yucateca en su estado más puro. Si te interesa el folklore local, es una cita que no requiere boleto ni reserva, solo llegar y dejarse llevar por el ritmo. La festividad, como se ha dicho, no termina ahí: las visitas apostólicas y el cierre del 17 de octubre mantienen vivo el ambiente durante varias semanas, así que el viernes es solo el plato fuerte de un ciclo más largo.
Fecha de publicación
22 de septiembre de 2026