
Mérida tiene un subsuelo que alimenta más leyendas que certezas, y casi todas empiezan en la Catedral de San Ildefonso, la más antigua de México y la primera construida en el continente. El relato más famoso sostiene que debajo del templo hay un cenote que tuvo que cubrirse para poder levantar el edificio. La historia se apoya en los trabajos del investigador Alfredo Barrera Vázquez, quien documentó vestigios mayas en el inmueble y señaló un antiguo arco empotrado en la fachada norte, sobre la calle 61; ahí, según la versión, existió el cenote que luego se tapó para levantar parte del muro. Se habla hasta de una inscripción donde se leía la palabra 'cenote' junto a la fecha 1713, y la Universidad Autónoma de Yucatán ha calificado el asunto como una zona en disputa entre la ficción y la posible realidad histórica.
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De ese cenote se desprenden los túneles. La creencia popular habla de una red subterránea por todo el Centro Histórico, con un pasadizo que conectaría la Iglesia de las Monjas con la Catedral y que seguiría hacia el antiguo convento de La Mejorada y otros puntos. Los arqueólogos, sin embargo, piden calma: existen espacios subterráneos, pero no hay evidencia de que formen una gran red. En 2015, el arqueólogo Rafael Burgos Villanueva desmintió la existencia de canales interconectados y aclaró que las cavidades no son túneles. El tramo bajo la antigua Fotografía Guerra, en la calle 62 por 63, es una caverna, pero nunca se comprobó que conectara con la Catedral. El conducto bajo la Plaza Diamante estuvo abierto al público hasta antes de la contingencia por el Covid-19.
Sobre el origen de esos huecos hay varias teorías. El arqueólogo Sergio Grosjean Abimerhi, en su libro El Convento de Monjas, plantea que los primeros pobladores de la ciudad maya de T'ho excavaron para sacar material para sus casas y que luego los españoles los usaron como bodegas de alimentos, licores y pertenencias. Otras versiones son más fantásticas: rutas de escape de piratas con bóvedas de armas y tesoros, refugios seguros durante la Revolución o el inquietante relato de fetos abandonados por monjas, que Alfredo Barrera Rubio considera una tradición popular de varios siglos, vinculada al hallazgo de restos en 1867, cuando Benito Juárez buscaba desprestigiar a la Iglesia. Hay hasta una leyenda en Maní que habla de un conducto de casi 100 kilómetros hasta la iglesia de Monjas, aunque tampoco hay pruebas.
Si te interesa el tema, hay una forma de vivirlo: el recorrido teatral Noche de Leyendas, dirigido por Maricruz Hernández, que repasa la historia de Mérida desde la conquista hasta el virreinato, pasando por la quema de los códices en la Catedral, la fundación de la ciudad en el Palacio Municipal y los túneles secretos. Funciona los viernes a las 8:50 p. m. y los sábados a las 8:30 p. m., dura más de una hora y cuesta MX$200 para adultos y MX$100 para niños. Es, quizá, la manera más entretenida de entender por qué Mérida sigue mirando hacia abajo.
Fecha de publicación
28 de agosto de 2026
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