
Calella lleva más de seiscientos cincuenta años mirando al mar, y buena parte de esa historia se puede leer en su silueta. A pocos kilómetros de Mataró, el antiguo pueblo pesquero se ha convertido en la capital turística de la Costa del Maresme, y las cifras lo respaldan: en el ranking municipal de 2025 quedó segundo con 151.288 turistas extranjeros, aunque ese dato local bajó un 4,70% respecto al año anterior. La comarca, en cambio, cerró aquel ejercicio con récord, rozando el millón de visitantes internacionales y concentrando el 4,4% del total extranjero de Cataluña. La temporada alta se agrupa entre mayo y octubre, con agosto a la cabeza, aunque enero empieza a ganar terreno.
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El skyline lo firman tres iconos: la Roca Grossa, el Far de Calella y las Torretes. La Playa de Garbí luce Bandera Azul y Q de Calidad, con chiringuito y deportes náuticos; la Playa Grande, cerca de kilómetro y medio y sesenta metros de ancho, es la más animada, con tres chiringuitos, campos de fútbol playa y vóley, y una zona autorizada para perros entre las calles de Sant Isidre y Escoles Píes. Más allá quedan las calas de Las Rocas, Rocapins, la Vinyeta y Cala d'en Pere, esta última más frecuentada por el nudismo, todas ellas muy próximas al faro.
El Far de Calella, sobre un acantilado a cincuenta metros de altura, ofrece vistas de 360 grados al mar y a las montañas del Montnegre y Corredor, y en verano acoge el festival Nits d'Estiu. La parte cultural es amplia: el Museo-Archivo Josep Maria Codina i Bagué, en un casal del siglo XVII, reúne más de quince mil objetos; el Museo del Turismo, en una antigua fábrica textil neoclásica, recorre la historia de los viajes de placer; y el Refugio Antiaéreo del Parque Dalmau, construido durante la Guerra Civil, se puede visitar con paneles explicativos. La Capilla de San Quirce y Santa Julita, levantada en 1476, mantiene su fiesta mayor el 16 de junio, con cenas al aire libre, gigantes, correfoc y música en el paseo Manuel Puigvert. Y para el día a día, el Mercado Municipal, un edificio novecentista de 1927 firmado por Jeroni Martorell, reúne producto del Maresme y un bar de cocina casera.
Si prefieres el monte, el Parque Dalmau aporta dieciocho hectáreas de bosque mediterráneo, y el Montnegre y Corredor ofrece rutas como la del Cormorán, con mirador en Las Rocas, o la del Zorro, además del Camino de Santiago por la Via Marina y el camino de ronda costero. En la mesa mandan el pescado de la zona —gallo de Sant Pere, pargo, dorada, lubina, bacalao—, los langostinos y las gambas a la plancha, junto a platos de tierra como las patas de cerdo a la cazuela o la ternera con setas. En 2026 el Maresme ondeará once Banderas Azules en sus playas y cuatro en sus puertos, y la playa de Garbí es una de ellas. Calella acumula además certificaciones como destino de turismo familiar, activo y naturaleza, y deportivo y golf.
Fecha de publicación
17 de agosto de 2026
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