
Con la Semana Santa ya encima, hoy miércoles 25 de marzo, el cuerpo ya nos va pidiendo esos sabores que solo aparecen por estas fechas. Aunque a veces miramos hacia Asturias por su fama de tierra 'llambiona', aquí en Lugo no nos quedamos atrás con el recetario dulce. Más allá de las clásicas casadielles de nuez y anís, el arroz con leche bien requemado o los frixuelos, hay dos protagonistas que mandan en nuestras mesas estos días: la leche frita y el pan de los apóstoles. La leche frita es ese básico que nunca falla; un dulce de origen conventual que, aunque parece sencillo, tiene su aquel. Se prepara infusionando leche entera con canela y limón para luego crear una masa espesa, casi como una bechamel dulce, que necesita reposar en frío al menos cuatro horas. El secreto que siempre cuentan las abuelas de aquí es remover sin parar para que no salgan grumos y darle un doble rebozado antes de freírla, buscando ese contraste entre el interior cremoso y el exterior crujiente con su toque final de azúcar y canela.
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Si tienes pensado acercarte a Viveiro estos días, hay algo que tienes que probar sí o sí porque es exclusivo de allí: el pan de los apóstoles. No te dejes engañar por el nombre, porque no es pan, sino un bizcocho con una masa que recuerda mucho a la del roscón de Reyes. Tiene un peso simbólico enorme porque es el que aparece en la mesa de La Última Cena en las procesiones. Hacerlo no es ninguna broma; entre el amasado con harina de gran fuerza, agua de azahar, masa madre y el tiempo de horno, los pasteleros pueden tardar unas seis horas y media en tenerlo listo. Si buscas dónde comprarlo, las opciones seguras son la Pastelería Mary Carmen, que tiene local en Pastor Díaz y en la Plaza de Juan Donapetry, o la panadería Jispán en Celeiro. También en la Pastelería Vale lo trabajan de maravilla, y ya que estás allí, echa un ojo a sus torrijas bañadas en un almíbar especial o a sus figuras de chocolate, que son un clásico de la zona.
De vuelta en el centro de Lugo, la tradición se respira en las confiterías que llevan toda la vida con nosotros. Hay una ruta casi obligatoria por locales que han sobrevivido a todo, empezando por la Confitería Madarro en la Rúa da Raíña. Es la más antigua de la ciudad, fundada en 1891 por Alejandro Madarro y ahora bajo la batuta de Montse González. Entrar allí es como viajar en el tiempo, y sus cañas o la corona de almendra son de lo mejor que vas a probar. Muy cerca, en la Praza de San Marcos, está la Confitería Conde, que abrió sus puertas en 1938, en plena posguerra. Agustín Conde fue quien empezó todo y hoy es su bisnieto, Daniel Díaz, quien mantiene el negocio vivo. Son sitios que mantienen las recetas originales y donde se nota que no hay prisas industriales, algo que se agradece cuando buscas ese sabor auténtico de los dulces de siempre.
Lo bueno de estos postres es que, aunque llevan su tiempo, los ingredientes son de lo más normal que tenemos por casa: huevos, harina, leche y azúcar. La leche frita, por ejemplo, se conserva algo mejor que las torrijas, así que es ideal si quieres tener algo preparado para las visitas de estos días. Solo necesitas unos 40 minutos de trabajo activo, aunque el reposo sea largo. Al final, se trata de mantener vivas esas costumbres que hacen que la Semana Santa en Lugo sepa diferente. Ya sea comprando un pan de los apóstoles en Viveiro o dejándote caer por las pastelerías históricas del centro para llevarte unas pastas de té o un trozo de hojaldre, lo importante es disfrutar de este patrimonio gastronómico que tenemos tan a mano y que sigue conquistando a todo el que lo prueba año tras año.
Fecha de publicación
25 de marzo de 2026
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