
Oye, ¿te has parado a pensar alguna vez con qué brindaban nuestros abuelos en Lugo antes de que el cava catalán se hiciera dueño de todas las mesas navideñas? Porque sí, amiga, hubo un tiempo en que el brindis de Nochebuena en la ciudad amurallada tenía un sabor completamente diferente, un sabor que hoy es casi un secreto: el de La Perada.
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La Perada no era otra cosa que una especie de sidra, pero elaborada exclusivamente con peras. Era la bebida local, la que marcaba el ritmo de las celebraciones en Lugo, especialmente en Navidad. Si hoy en día el brindis es con burbujas de champán o cava, hace un siglo, la tradición dictaba que se levantara una copa de esta bebida de pera. Es un detalle fascinante que nos recuerda lo mucho que han cambiado nuestras costumbres festivas.
Para entender la importancia de La Perada, hay que situarse en el Lugo de hace más de cien años. Las crónicas de la época, como las de El Progreso de 1918, ya lamentaban que la Nochebuena estaba perdiendo su esplendor de antaño. Pero, incluso en ese contexto de cambio, había dos cosas que se mantenían firmes en la mesa lucense: el bacalao con repollo y, precisamente, la insustituible perada.
Imagina la escena: no había langostinos ni el exceso de comida que vemos hoy. De hecho, en 1918, la situación económica era tan ajustada que organizaciones como La Cocina Económica servían caldo por 5 céntimos de peseta. En las mesas más pudientes, el plato estrella era el bacalao de Escocia con repollo, una tradición tan arraigada que el cronista afirmaba que "no hay hogar donde no se le rinda culto ferviente y devoto". Y para acompañar ese bacalao, la bebida era la Perada. El cava era un completo desconocido por estos lares.
Además, la cena de Nochebuena se hacía mucho antes, alrededor de las 6 de la tarde, adaptándose a los horarios de la época. Después de cenar, las calles del centro se llenaban de murgas y grupos de músicos con acordeones, panderetas y gaitas, animando la noche. En ese ambiente, la Perada era el elemento líquido que sellaba la celebración, mucho antes de que el capón de Vilalba se impusiera en los años 60 o de que la televisión cambiara por completo la dinámica familiar.
La Perada, al ser una sidra de pera, se enmarca dentro de la rica tradición de bebidas fermentadas de Galicia. Aunque hoy en día es difícil encontrarla bajo ese nombre específico, la provincia de Lugo sigue siendo un centro de producción de sidras y licores. Por ejemplo, en Chantada se elaboran sidras con pera, manteniendo vivo el espíritu del ingrediente principal, aunque ya no sea el brindis navideño oficial.
Es curioso cómo una bebida tan central en la identidad navideña de Lugo pudo desaparecer casi por completo. La crónica de 1918 ya la veía en declive, y con la llegada de nuevas modas y productos, como el árbol de Navidad (que en 1908 se veía como una "costumbre extraña que venía de Inglaterra") y el auge del cava, la Perada se convirtió en un recuerdo. Hoy, cuando brindamos con orujo, licor café o el inevitable espumoso, estamos olvidando ese sabor dulce y local que definía la Navidad lucense de antaño. Quizás sea el momento de rescatar esta tradición y darle a la pera el lugar que se merece en nuestras mesas navideñas.
Fecha de publicación
19 de diciembre de 2025
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