
Si te das una vuelta por el centro de Lugo estos días, te vas a encontrar con un ambiente artístico bastante potente que mezcla lo mejor de nuestra casa con piezas que normalmente solo verías en Madrid. El Museo Provincial de Lugo tiene ahora mismo tres cuadros invitados que vienen directamente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. No es algo que pase todos los días y la verdad es que ver estas obras aquí, en un entorno más cercano, cambia mucho la experiencia. Se trata de las pinturas Jesús, Marta e María de Julia Minguillón, una artista lucense que ya en 1934 destacaba con esta pieza; Humos helados y Paisaje abstracto de Benjamín Palencia, muy vinculado al surrealismo; y una obra de Victoria Malinowska. Estas piezas estarán en la ciudad hasta el 30 de marzo de 2026, así que todavía hay margen para verlas con calma.
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Esta visita del Reina Sofía tiene una explicación muy interesante detrás: es parte de un intercambio. Mientras nosotros disfrutamos de estos cuadros, el Museo Provincial ha prestado cinco pinturas de Maruja Mallo para una gran retrospectiva en la capital. Es una forma de poner en valor el legado que custodiamos aquí, especialmente las obras de la etapa de formación de la pintora de Viveiro. Tener a Minguillón de vuelta en su tierra, junto a Palencia y Malinowska, permite entender mucho mejor el contexto de las vanguardias y cómo los artistas de principios del siglo XX se movían entre lo local y lo que estaba pasando en el resto de Europa. Las tres obras se han seleccionado precisamente para dialogar con ese universo de Maruja Mallo que tanto nos identifica.
Al mismo tiempo, la ciudad ha estado volcada con la figura de Eduardo Rodríguez Osorio, un maestro escultor que es todo un referente del siglo XX gallego. Aunque su exposición retrospectiva A Memoria, O Presente en el Pazo de San Marcos terminó recientemente, su huella sigue muy presente en la oferta cultural actual, incluyendo la muestra homenaje Terra Nai. Osorio fue un artista que, a pesar de formarse en Madrid y París gracias a becas de la Diputación, nunca perdió la conexión con sus raíces en Chantada. Su trabajo es un ejemplo de rigor y sensibilidad, moviéndose entre materiales como el bronce, la madera, la piedra y la terracota para dar vida a figuras que parecen tener alma propia.
Lo que más impresiona de la obra de Osorio es su faceta como retratista. En sus manos han tomado forma los bustos de personajes tan conocidos como Camilo José Cela, Ramón Menéndez Pidal o Félix Rodríguez de la Fuente. Pero más allá de los nombres famosos, lo que realmente llega es su forma de tratar temas como la maternidad y el mundo rural gallego. Sus esculturas tienen una armonía muy particular, con formas redondeadas y compactas que conectan con lo espiritual y lo telúrico. Ver su evolución desde las piezas de 1948 hasta las de mediados de los 90 es como hacer un viaje por la historia de la escultura figurativa española. Entre los cuadros del Reina Sofía y el despliegue de las piezas de Osorio, Lugo se ha convertido en un punto de encuentro perfecto para quienes aprecian el arte con poso histórico y mucha identidad.
Fecha de publicación
12 de febrero de 2026
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