
La pedanía de Coy, en las Tierras Altas de Lorca, estrenó ayer una zona recreativa y un área de estacionamiento para autocaravanas y vehículos camper. El alcalde, Fulgencio Gil, inauguró el espacio el martes 27 de julio, una actuación impulsada por la Concejalía de Desarrollo Local a través del programa de los Consejos Comarcales, con una inversión cercana a los 45.000 euros y el trabajo de una veintena de personas.
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Lo más práctico para quien va en caravana es el aparcamiento, con plaza para 18 autocaravanas y campers delimitadas con traviesas de madera. Alrededor hay una zona de picnic con cuatro mesas, una zona de calistenia, nueva iluminación y mejoras en las instalaciones deportivas. El resto del conjunto se explica mejor por lo que se ve: 63 metros lineales de barandilla de rollizos de madera, un paseo central de piedra laja y hormigón que lleva hasta una fuente ornamental con dos pozas, diez moreras que dan sombra a las mesas, un centenar de cipreses plantados para sustituir a los ejemplares secos, diez báculos y 28 luminarias solares con sensor térmico, además del extendido y compactado de zahorra fina en toda la superficie. También se ha rehabilitado y pintado la pista polideportiva y se ha delimitado el campo de fútbol de arena que ya existía.
Para quien no conozca Coy, conviene situarla. Es la pedanía más septentrional del término municipal de Lorca, en las Tierras Altas, a unos 39 kilómetros de la ciudad, con poco más de 500 habitantes y una altitud media de 500 metros. Está en la pendiente del Cabezo de Coy, en la estribación sur de la Sierra de la Lavia, junto al nacimiento del manantial de agua, con orientación suroeste. A sus pies queda el Altiplano de Coy, con ramblas secas casi todo el año por donde nace el río Turrilla, afluente del Guadalentín. Los inviernos son fríos y los veranos cálidos.
La pedanía tiene una tradición artesana antigua, sobre todo en el textil, con las jarapas y las alfombras. Su economía agraria se apoya en la vid, el almendro y el olivo, con cultivos de regadío y producción de vinos artesanos, y en ganadería destacan las granjas de cerdos, pollos y el ganado ovino. El turismo rural también pesa, con el Albergue Casa Grande como uno de sus referentes.
Su historia va mucho más allá de lo que se ve a primera vista. En el Cerro de las Viñas hay un poblado argárico de la Edad del Bronce declarado de interés internacional; en la Fuentecica, una necrópolis íbera, apareció el pilar-estela conocido como el León de Coy, cuyo original se conserva en el Museo Arqueológico de Murcia y del que hay una réplica en el Museo Arqueológico de Lorca; y en el Villar de Coy, una villa romana, se halló en 1959 la escultura del dios Mercurio, también en el museo lorquino. El trazado actual lo heredó de la Edad Media, cuando fue villa del Reino de Murcia con castillo. Tras la reconquista de Lorca en 1244, el Infante Alfonso la hizo depender de la ciudad, se destruyó su castillo y pasó al señorío de Sancho Manuel, alcaide de Lorca. En el siglo XVIII, bajo los Riquelme, llegó a ser el tercer centro más importante tras Lorca y Puerto Lumbreras, con un convento y minas de plomo y plata que acabaron agotándose.
Entre lo visitable hoy están la iglesia de San José, barroca y mandada construir por el Cardenal Belluga en 1722, y el Centro de Interpretación Etnológico y Arqueológico, instalado en el albergue Casa Grande, una antigua casa solariega rehabilitada en 1997 que reúne la historia de Coy y sus restos arqueológicos.
Fecha de publicación
28 de julio de 2026
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