
Si hay una tradición que define el verano riojano por su mezcla de historia, risas y ambiente festivo, esa es la Batalla del Vino de Haro. Cada 29 de junio, coincidiendo con el día de San Pedro, miles de personas se dan cita en los Riscos de Bilibio para teñir la mañana de morado en una jornada campestre única. La regla principal es bien sencilla: vestir completamente de blanco con el pañuelo rojo festivo y acabar manchado de vino de la cabeza a los pies en el menor tiempo posible. Para refrescar al resto de asistentes vale casi todo lo que pueda contener líquido sin causar peligro, desde las clásicas botas de vino y botellas de plástico hasta pistolas de agua, calderos o sulfatadoras de sulfatar la viña.
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El festejo arranca muy temprano en los riscos situados a unos 6 kilómetros del núcleo urbano de Haro. Tras la llegada de la comitiva encabezada por el Regidor Síndico, que coloca el Pendón de la ciudad en lo alto de las peñas, se celebra una breve misa en la ermita de San Felices antes de dar la salida oficial al jaleo. Durante toda la mañana, varias charangas amenizan el ambiente entre cánticos y risas. La batalla concluye de forma natural cuando los participantes deciden hacer una pausa para almorzar caracoles o chuletillas al sarmiento en la misma explanada, antes de bajar al pueblo para continuar las conocidas "Vueltas" en la Plaza de la Paz y el recorrido hacia la plaza de toros.
Para acudir con niños o disfrutar de una versión más enfocada al público familiar, Haro organiza también la Batalla del Vino Infantil unos días antes, habitualmente a finales de junio en el recinto de El Ferial, junto al río Oja-Tirón. En esta adaptación pensada para los más pequeños, el vino tinto se sustituye por mosto para evitar manchas complicadas y cuidar la piel. La jornada arranca con una ofrenda festiva, tirada de cohete y un divertido almuerzo a base de chocolate y bizcochos. Después de la contienda con mosto, los niños regresan en pasacalles hasta la céntrica Plaza de la Paz para correr en los encierros con toros de cartón piedra.
Este evento, catalogado como Fiesta de Interés Turístico Nacional, hunde sus raíces en una tradición centenaria. El punto de reunión, los Riscos de Bilibio, es una zona de acantilados donde en el siglo VI vivió y murió San Felices de Bilibio. La romería popular hasta la cueva y la posterior construcción de la ermita en 1710 fueron sentando las bases de las reuniones campestres que, con la llegada del siglo XX, acabaron derivando en los divertidos "bautizos de vino". Un entorno natural singular que combina patrimonio, naturaleza e identidad riojana a pocos kilómetros de Logroño.
Fecha de publicación
21 de julio de 2026