
Hay esquinas que cuentan más historia de la que uno imagina al pasar por delante. En Lleida, una de ellas es la de la avenida Prat de la Riba, en el cruce con los carrers Príncep de Viana, donde durante décadas estuvo La Casa Vasca, el restaurante considerado el establecimiento decano de la restauración leridana. El local cerró sus puertas este verano, y con él se fue una propuesta que tenía su gracia: juntar la cocina vasca tradicional con el producto de la tierra, algo que no es tan habitual encontrar en una ciudad del interior.
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El restaurante abrió en 1994 y lo llevaron adelante Jaume Barberà y Consol Serrano, que lo gestionaron durante muchos años. Lo que lo hacía distinto era precisamente ese cruce: platos vascos elaborados con producto leridano, una mezcla que acabó convirtiéndolo en un clásico para quien busca comer bien sin complicaciones. El menú cambiaba a diario, pero la base era siempre la cocina tradicional: sopas, cazuelas, estofados, tortillas, pastas, legumbres y pescados y carnes estofados, rebozados o a la brasa. Se podía comer un menú completo de tres platos, con postre y vino, por 10 euros más IVA, y el precio medio de la carta rondaba los 20 euros. Tenía servicio de camareros, climatización, admitía tarjetas y aceptaba reservas, todo lo que uno espera de un restaurante de barrio.
El cierre no fue algo repentino. El local había sido traspasado en mayo de 2013 por sus amos anteriores, que siguieron al frente del negocio hasta un año después, cuando decidieron cerrarlo definitivamente. La Casa Vasca aguantó hasta este verano de 2026, cuando la falta de clientes por la crisis obligó a echar el cierre. Ahora el establecimiento está en reformas y la previsión es que reabra en aproximadamente dos meses, aunque con un formato distinto: como restaurante de comida rápida. Es decir, que el sitio seguirá funcionando, pero ya no con la cocina que lo hizo famoso.
La ubicación del local explica buena parte de su carácter. Queda en el entorno del antiguo Frontón de Lleida, una institución deportiva con mucha historia en el baloncesto y el frontón vasco. Aquel recinto ocupaba toda la manzana entre la avenida General Mola, hoy Prat de la Riba, y Calvo Sotelo, hoy Pi i Margall. Se inauguró el 27 de marzo de 1943 con la presencia de autoridades locales, incluido el Gobernador Civil Juan A. Cremades. El edificio lo había diseñado antes de la Guerra Civil el arquitecto municipal Francesc de Paula Morera i Gatell, por encargo de la Paeria y con un presupuesto que superaba los veinte millones de las antiguas pesetas.
Eran más de 4.000 metros cuadrados con un frontis de piedra, y allí cabía de todo: pelota vasca, baloncesto, voleibol, hockey sobre patines, boxeo y lucha libre. Los fines de semana, además, había baile con artistas como los Maniáticos del Ritmo, el Gran Casino, Blas Wilson o Lluís Rovira. El frontón cerró definitivamente en 1963 y en su lugar se instaló una tienda de muebles. Así que, cuando uno se acerque a esa esquina en los próximos meses, lo que verá no es solo un local en reformas, sino el último capítulo de una dirección que, durante décadas, mantuvo vivo el vínculo gastronómico entre Lleida y el País Vasco.
Fecha de publicación
28 de agosto de 2026