Hay planes de fin de semana que parecen una cosa y acaban siendo otra. La Dehesa de Navalcarbón, en Las Rozas, se presenta como un parque periurbano de 120 hectáreas entre la A-6 y la M-50, muy cerca de Európolis, pero lo que realmente lo distingue no es el verde, sino el hormigón semienterrado. Por sus pinares quedan esparcidos búnkeres, fortines y trincheras del Frente del Agua de la Guerra Civil, restos de una línea defensiva que se mantuvo activa entre 1937 y 1939.
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La historia se lee en el terreno. En enero de 1937 las tropas franquistas ocuparon Las Rozas y se instalaron en plan defensivo, y la guerra de trincheras se prolongó hasta el 28 de marzo de 1939. Por aquí pasaron la batalla de la Niebla, en diciembre de 1936, y la de Brunete, en julio de 1937. Las fortificaciones que hoy se pueden ver formaban parte de la segunda línea del Ejército Popular de la República, y fueron levantadas entre mediados de 1938 y principios de 1939. En 2016 y 2017 se excavaron trincheras en La Marazuela y en el Parque Empresarial de Monte Rozas, recuperando 69 fortines, 14 refugios y cientos de metros de zanjas, hoy declarados yacimientos arqueológicos documentados con Protección Específica.
Para verlo todo hay una ruta circular de unos 5 kilómetros, fácil y señalizada con carteles, postes y pintura morada en los árboles, que se recorre en una hora y media aproximadamente. Arranca en el parking de la travesía de Navalcarbón y va encadenando restos: un nido de ametralladora con un graffiti de un soldado, restos de trincheras, puestos de mando y comunicación, y el búnker circular del Cerro Pelado, que conserva casi intacta su estructura. Entre las posiciones identificadas están El Pinar 2, un refugio subterráneo excavado en roca; Loma Quemada 5, un nido de ametralladoras subterráneo; y el puesto de mando de la Undécima Bandera de Castilla de Falange, fechado el 17 de septiembre de 1938. La ruta se completa con la ermita de Nuestra Señora del Retamar y un mirador sobre el embalse de Puentes Viejas.
El entorno da para más que las ruinas. El nombre de Navalcarbón viene de unas carboneras ya desaparecidas, y la zona se repobló con pinos a partir de los años cuarenta para recuperar el antiguo encinar. Por el cauce del antiguo canal del Guadarrama, un proyecto del siglo XVIII que nunca llegó a navegarse, hoy se puede hacer piragüismo. En los árboles hay casitas para pájaros y un pequeño hotel para insectos, y por el camino se cruzan conejos, ardillas, pica-pinos y tortugas. Para las familias hay columpios, mesas de picnic, merenderos y parque de juegos, y los fines de semana la carretera que atraviesa la dehesa se reserva para el uso peatonal.
Llegar es sencillo: en coche por la A-6 con desviación a Las Rozas, con mucha aparcación junto a la dehesa, en el recinto ferial o en el polideportivo de Navalcarbón. En transporte público, los autobuses 629, 625 y 625A salen desde Moncloa, y el Cercanías deja en Pinar de Las Rozas, a unos treinta minutos andando. Es un plan gratuito, al aire libre y con historia incluida en cada paso.
Fecha de publicación
22 de septiembre de 2026