
Irún tiene una cara que no siempre sale en las guías: la de ciudad romana. Lo que hoy es una frontera bulliciosa fue en su día Oiasso, uno de los asentamientos más importantes del Arco Atlántico entre los siglos I a.C. y III d.C., y buena parte de ese pasado se puede tocar casi en cualquier esquina. El Museo Romano Oiasso, inaugurado en 2006, es el mejor sitio para empezar: reúne los restos hallados en la antigua ciudad, situada en la desembocadura del Bidasoa, y organiza sus colecciones en tres salas —Impacto, Puerto y Oiasso— que van del mundo indígena vascón a la vida cotidiana altoimperial. En verano abre de martes a sábado de 10:00 a 20:00 y los domingos de 10:00 a 14:00, con visitas guiadas los domingos a las 11:00 en español y a las 12:30 en euskera por 5,75 euros los adultos y 4,00 los niños de 6 a 14 años. Detrás del museo, en el jardín trasero, se pueden ver las termas romanas, recuperadas con 3,5 millones de euros e inauguradas en abril de 2025.
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El recorrido romano sigue en la Ermita de Santa Elena, en la Ermita Karrika, donde una iglesia medieval del siglo X esconde los restos de un templo romano 'in antis' del siglo I y una necrópolis indígena con más de un centenar de urnas cinerarias. La ermita se puede visitar con rampa y puerta manual, y el domingo 18 de agosto, día de Santa Elena, abre sus puertas gratis. A eso se le suma la Iglesia de Nuestra Señora del Juncal, levantada entre 1508 y 1606, que guarda la imagen gótica de la Virgen del Juncal, la más antigua que se conoce en Gipuzkoa, datada en el siglo XII. Y si te gusta el patrimonio industrial, los Hornos de Irugurutzeta son una parada distinta: la mayor batería de hornos de calcinación de mineral que queda en Gipuzkoa, rehabilitada con 2 millones de euros y abierta desde mayo de 2026, con centro de interpretación y realidad aumentada.
Para el verano, Irún se disfruta más al aire libre. El Monte Jaizkibel, con sus acantilados de flysch y sus más de 500 metros, es punto clave del Camino de Santiago y de la Clásica de San Sebastián; el Monte San Marcial, El Aldabe, es una ruta más corta; y el Parque Natural Peñas de Aia es ideal para senderismo y observación de fauna. En el agua, la bahía del Txingudi admite kayak, paddle surf y observación de aves, y el Parque Ecológico Plaiaundi, con sus 24 hectáreas y sus dos lagunas conectadas por las mareas, forma parte de una zona de especial protección. Y si te apetece cambiar de país sin coger el coche, basta con cruzar el puente de Santiago para aparecer en Francia.
Para comer, el plan clásico es ir de pintxos por tabernas como Sotero, Ana Mari, Trinkete Borda, Iñaki Jatetxea, Mariño o Atalaia, y rematar con bacalao a la vizcaína o txangurro. Si buscas algo más sentado, A Pedir de Boca trabaja la cocina vasca actual, el Casino mantiene su historia desde 1909 y Singular Food, del chef Iñigo Lavado, es otra opción. Y para las compras, el Centro Comercial Mendíbil ocupa unos 24.000 metros cuadrados con moda, deporte, ocio y restauración, con 300 plazas de aparcamiento cubiertas, mientras que el Mercado de Uranzu pone los productos frescos los sábados por la mañana en la plaza de Urdanibia.
Fecha de publicación
11 de agosto de 2026