Hay nombres que acaban bautizando barrios enteros sin que casi nadie sepa de dónde vienen. En L'Hospitalet, uno de esos es Pubilla Casas, y el Centro Cultural la Bòbila ha montado una exposición para ponerle cara y biografía al personaje: 'PUBILLA CASAS. Una mujer, una casa, un barrio', que se puede ver del jueves 1 de octubre al domingo 22 de noviembre. La organiza el Archivo Municipal, y lo interesante es que no se ha inventado nada: todo lo que hay expuesto viene de la donación de la familia Molins, herederos de la propiedad histórica.
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La protagonista es Josepa Casas i Clavell, conocida como Pubilla Casas, una empresaria y terrateniente catalana del siglo XVIII, hija de Josep Casas i Roca y de Rosa Clavell. Alrededor de 1771 o 1772 compró una gran finca que había sido expropiada a los jesuitas y levantó allí una mansión de estilo neoclásico en la carretera de Collblanc, en el número 225. Esa casa es la que acabó dando nombre al barrio. Para quien lo reconozca hoy, el edificio sigue en pie: lo ocupa el colegio Sant Josep Obrer. Tras su muerte en 1792, sus bienes se repartieron entre sus primos, y la propiedad acabó reunificada por los herederos de la rama de Anton Francesc Casas i Rogent, Salvador y Antoni Molins, que son quienes donaron los documentos al Archivo Municipal.
La exposición se puede ver en la sala de exposiciones del Centro Cultural la Bòbila, en la Plaça de la Bòbila, 1. El centro es un espacio polivalente que junta biblioteca, aulas de estudio y sala de exposiciones, y su propia historia tiene que ver con el pasado industrial de la zona: el terreno perteneció a las fábricas de ladrillos y tejas de principios del siglo XX. Es decir, que el edificio que acoge la muestra tiene tanto que ver con la historia del barrio como la propia Pubilla Casas.
Detrás de todo esto está el Archivo Municipal de L'Hospitalet, que es quien organiza la muestra y quien conserva fondos documentales desde 1718, con hemeroteca, fotografías y planos, y que mantiene abiertos sus servicios de consulta y difusión cultural. La exposición es una buena excusa para entender cómo una sola persona y una sola casa terminaron bautizando una parte entera de la ciudad, y para ver de cerca los documentos que lo explican. Queda tiempo de sobra para acercarse, ya que sigue abierta hasta el 22 de noviembre, y no cuesta nada pasar una tarde por la Bòbila y descubrir de dónde viene el nombre de un barrio que muchos cruzan a diario sin saber quién fue su pubilla.