
El Alcázar de Guadalajara va a cambiar bastante en los próximos años. El Ayuntamiento ha presentado el proyecto de ejecución de la primera fase de su rehabilitación, con la idea final de convertir el conjunto en el futuro Palacio de Congresos de la ciudad. La primera fase se valora en 4,5 millones de euros: 2,2 vienen de los Fondos Europeos EDIL, dentro del Plan de Actuación Integrado, y el resto lo pone el Ayuntamiento. A eso se suma una solicitud de 1,5 millones más con cargo al programa del 2% Cultural del Gobierno central.
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Las fechas dan para ir calculando. Las obras arrancarán en noviembre de 2026, una vez entregada la documentación definitiva en agosto, y el plazo estimado es de 24 meses desde la firma del contrato. El plan se divide en tres fases: esta primera se centra en rehabilitar el propio Alcázar; la segunda transformará los dos grandes pabellones del recinto en un Palacio de Congresos, Convenciones y Exposiciones; y la tercera creará un jardín arqueológico en el patio central.
Lo que se va a tocar en esta primera etapa se resume en cuatro ejes. Primero, se retirarán los elementos espurios: cubiertas metálicas, pasarelas y módulos auxiliares que no tienen valor patrimonial. Segundo, se consolidarán las estructuras históricas, muros y bóvedas incluidos. Tercero, se mejorará la experiencia del visitante con un recorrido adaptado y accesibilidad universal desde la calle Madrid hasta el acceso al museo y, desde el interior, hasta la salida por la rampa que conecta con el Parque Fluvial del Alamín. Y cuarto, se recuperarán los espacios históricos para uso museístico, con la creación de un Centro de Interpretación del Alcázar. El espacio expositivo rondará los 900 metros cuadrados —970 útiles— y podrá acoger a unas 400 o 450 personas. Se restaurarán las bóvedas tabicadas de las antiguas caballerizas, se reconstruirá el salón noble del Alcázar medieval y una sala de la antigua Real Fábrica de San Carlos, del siglo XVIII, y se recuperará parcialmente el Torreón de los Infantes, con una terraza-mirador hacia el parque fluvial.
Para quien no lo tenga muy presente, el recinto ocupa 17.000 metros cuadrados repartidos en dos grandes espacios —el alcázar-castillo y otro en forma de L integrado a mediados del siglo XIX— y se alza en el extremo norte del casco histórico, sobre el barranco del Alamín, junto al Palacio del Infantado y frente a la iglesia de los Remedios. Su configuración actual se remonta al siglo XIII, aunque no se descarta que antes hubiera una fortaleza árabe. Es Bien de Interés Cultural y Monumento Nacional desde 1931.
Su historia da para mucho. Fue residencia de los reyes castellanos desde el siglo XIII hasta finales del XV, con su mayor esplendor en el reinado de Alfonso XI, cuando en 1390 y 1408 se celebraron allí las Cortes del Reino. En el siglo XVIII acogió la Real Fábrica de Paños de San Carlos, inaugurada en 1778 tras la demolición parcial de su estructura interna en 1718. Entre 1936 y 1939 fue bombardeado durante la Guerra Civil y quedó prácticamente destruido. Desde 1998, las campañas arqueológicas han ido recuperando el conjunto, con estratos que van de la medina islámica a la Guadalajara cristiana y renacentista. Mientras llega noviembre, el recinto se puede seguir visitando como espacio arqueológico y zona verde, con acceso gratuito y sin horario específico.
Fecha de publicación
28 de julio de 2026