
Girona tiene una postal que casi todo el mundo reconoce: las casas de colores colgadas del Onyar. Lo habitual es mirarlas desde la barandilla, pero este verano hay una forma distinta de verlas, y es desde el agua. El Santa Espina, un barco de vapor histórico considerado uno de los más antiguos de Europa, ha retomado sus salidas por el río Onyar, y se ha convertido en uno de esos planes familiares y originales para descubrir la ciudad desde un ángulo que no se ve caminando.
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La ruta dura aproximadamente 45 minutos y sale desde el muelle de la ciudad. El recorrido sigue el curso del río y pasa por puntos reconocibles: el puente de la Vila, el barrio de la Ribera y el muelle de la Vila. Desde el agua, el Onyar se entiende mejor como lo que es, uno de los grandes iconos de Girona, que atraviesa el centro rodeado de esos edificios coloridos y termina desembocando en el Ter, a la altura del barrio de Pedret. Un poco más adelante, en Vilobí d'Onyar, el río se abre a una zona de recreo y paseo.
Lo interesante de subir a bordo es que el trayecto sirve de hilo conductor para entender buena parte del patrimonio que se cruza a pie. Por el camino aparecen, entre otras cosas, la Columna de la Historia de Girona, inaugurada en 1985 por el escultor Domènec Fita y que resume la historia de la ciudad en nueve cubos; el puente de Sant Feliu, una pasarela peatonal de 1996 y el más moderno de los puentes del río, con una luz de 58 metros; y el cul de la lleona, la escultura que desde el siglo XII es símbolo de la ciudad.
El capítulo de los puentes es el más largo. Está el puente de Gómez, también conocido como de la Princesa, construido en 1916 y que en 2011 sirvió de set de rodaje para la película Tengo ganas de ti; el puente de San Agustí, cuya estructura actual viene de 1973 y toma nombre de un antiguo convento; y el puente de las Pescaderías Viejas, el famoso puente de Eiffel, inaugurado en 1877 y diseñado por Gustave Eiffel y la misma compañía francesa que levantó la Torre Eiffel en París, que es probablemente el más fotografiado de toda la ciudad. No falta el puente de Piedra, construido íntegramente en piedra entre 1850 y 1856 y estrenado el 29 de junio de ese año, ni el monumento a Carles Rahola, la escultura de 1978 dedicada al político y escritor fusilado en marzo de 1939.
Entre uno y otro puente quedan las Casas del Onyar, ese conjunto pintoresco de fachadas vivos donde destaca la casa Rafael Masó. Verlas desde el agua cambia la perspectiva: las casas dejan de ser un fondo y pasan a ser protagonistas del recorrido. Y si el barco se queda corto, la ciudad ofrece más formas de seguir el río: se puede pasear por su orilla o subir hasta su cabecera, en Bescanó, donde hay una ruta de 5,8 kilómetros apta para niños que transcurre por bosques de ribera y regala vistas del Montseny y de las Guilleries. Para quien busque un plan distinto en Girona este verano, subir al Santa Espina es una manera cómoda y distinta de repasar la historia de la ciudad sin dar un solo paso.
Fecha de publicación
4 de agosto de 2026