
Blanes lleva más de un siglo mirando al cielo en julio, y su Concurso Internacional de Fuegos Artificiales es, probablemente, la imagen más reconocible de su Fiesta Mayor. La gran noche final tiene un remate que se ha convertido en marca registrada: una bandera gigante que corona el espectáculo y pone el punto final a varias jornadas de pirotecnia. Es el momento más esperado del festival, el que reúne a familias enteras y el que cierra el ciclo de castillos que se lanzan desde Sa Palomera, el enclave natural desde el que el municipio ilumina el cielo.
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Para entender el tamaño de lo que se vive en Blanes, conviene mirar las cifras. Cada noche el concurso reúne entre 120.000 y 150.000 espectadores, y el cómputo total de la Fiesta Mayor ronda el millón de personas. Las playas, el paseo marítimo y las terrazas se llenan hasta el último rincón, con todo el mundo mirando hacia arriba. En el concurso participan algunas de las mejores compañías pirotécnicas del mundo, que compiten por dejar huella en cada disparo, y esa competitividad es precisamente lo que ha mantenido vivo el interés durante décadas.
La tradición es más antigua de lo que parece. Aunque el formato de concurso nació en los años setenta, existen referencias escritas del espectáculo desde 1891, y solo dos cosas han logrado apagarlo en toda su historia: la Guerra Civil, entre 1936 y 1944, y la pandemia de la Covid-19 en 2020 y 2021. Desde entonces, no ha habido verano sin el cielo encendido con fuego, colores y humo. Los fuegos son Fiesta Mayor, son Santa Ana y son Blanes en estado puro, y forman parte del calendario festivo de la Costa Brava con la misma fuerza que el mar que los rodea.
Quien haya visitado Blanes en el último siglo ha visto o ha oído hablar de este espectáculo. La gran bandera del cierre es el hito visual que resume todo eso: un gesto sencillo que pone el broche a una noche cargada de emoción compartida. Y no es solo pirotecnia; las noches del concurso suelen venir acompañadas de conciertos y del ambiente vibrante propio de una ciudad que se vuelca entera en su fiesta más grande. Es, en el sentido más literal, una cita para disfrutar en familia, con la cabeza hacia arriba y sin prisa.
Si te lo has perdido alguna vez, basta con acercarte a la costa en julio para entender por qué Blanes se convierte en el epicentro pirotécnico de la provincia. Entre el marco natural de Sa Palomera, la historia que respalda cada disparo y ese remate final de la bandera, el concurso es uno de esos planes que definen el verano en la Costa Brava y que, año tras año, siguen reuniendo a miles de personas bajo el mismo cielo iluminado.
Fecha de publicación
27 de julio de 2026