
El CaixaForum de Girona tiene hasta el 23 de agosto una exposición que no suele verse por aquí: 'La botánica en el arte. Las plantas en las colecciones del Museo del Prado'. Son 53 obras prestadas por el Museo Nacional del Prado, pintura flamenca, italiana, francesa y española, con buena parte de la colección del siglo XIX, además de escultura y artes decorativas. Muchas de las piezas se han restaurado en los talleres del propio Prado para esta muestra. La entrada es gratuita y la exposición está pensada para ir en familia, así que funciona igual de bien con niños que con adultos.
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Lo interesante no es solo mirar los cuadros. El comisariado corre a cargo de Eduardo Barba Gómez, jardinero, paisajista e investigador botánico en obras de arte, que ha catalogado todas las piezas del Prado con algún detalle botánico e identificado sus especies. La muestra se puede recorrer oliendo: hay cinco estaciones olfativas con aromas inspirados en especies botánicas, creadas por la perfumista Luz Vaquero en colaboración con Iberchem. A eso se suma un proyecto de mediación que traduce el diálogo de las flores y las plantas en fotografías de la artista Paula Codoñer. La exposición también incorpora medidas de accesibilidad como lectura fácil, tipografía de mayor tamaño, macrocaracteres y braille.
Entre las obras hay ejemplos muy concretos de cómo una planta cambia el sentido de un cuadro. El Bodegón de flores de Jan van Kessel el Viejo (1633-1666), óleo sobre cobre, junta tulipanes, rosas y lirios con pájaros y roedores, y un paisaje con un palacio y su jardín al fondo. En La infanta María Antonia Fernanda de Borbón, de Jacopo Amigoni (c. 1750), el clavel que sostiene la infanta denota compromiso afectivo y amor. La Escena báquica de Nicolas Poussin (1626-1628) usa la hiedra alrededor de la cintura del fauno y las hojas de parra en su cabeza como atributos de Dioniso, el dios griego, y de su equivalente romano, Baco. En Paisaje con un cartujo (¿San Bruno?), de Herman van Swanevelt (1636-1638), un monje cuida un jardín de plantas bulbosas como tulipanes, azucenas o coronas imperiales. El Paraíso Terrenal, de Pieter Brueghel el Joven, muestra el jardín del Edén con la palmera datilera al fondo junto a elefantes y dromedarios, y a Adán y Eva a punto de pecar. La Abundancia y los Cuatro Elementos, de Jan Brueghel el Viejo y Hendrik de Clerck (c. 1606), sitúa a Ceres, diosa de la agricultura, con una cornucopia llena de frutos de las cuatro estaciones: espárragos primaverales, cerezas veraniegas, avellanas otoñales y naranjas amargas invernales, junto a amapolas y acianos. Y en el Florero de Jan Brueghel el Viejo, los girasoles —introducidos en Europa desde América en el siglo XVI— presiden la escena; el artista dejó por escrito que las flores debían pintarse de una sola vez, sin dibujos ni bocetos, porque florecen en un plazo de cuatro meses.
La exposición se abrió el 25 de marzo y se presentó ante la directora de CaixaForum Girona, Anna Colomer, el director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, Alfonso Palacio, y la directora del Área de Exposiciones, Colección y CaixaForum+ de la Fundación 'la Caixa', Isabel Salgado. Es la tercera colaboración entre la Fundación 'la Caixa' y el Prado en el CaixaForum de Girona, después de 'Los objetos hablan' en 2014 y 'Arte y mito. Los dioses del Prado' en 2022. Quedan unas semanas antes del cierre del 23 de agosto.
Fecha de publicación
31 de julio de 2026