
El CaixaForum de Girona tiene colgada una exposición que no se repite en otro lado: 'La botánica en el arte. Las plantas en las colecciones del Museo del Prado', que se puede ver hasta el 23 de agosto. Son 53 obras sacadas directamente de los almacenes del Museo Nacional del Prado, es decir, piezas que normalmente no están a la vista del público, comisariadas por el jardinero, paisajista e investigador botánico en obras de arte Eduardo Barba Gómez, con la colaboración de Beatriz Sánchez Torija, de la Colección de Dibujos, Estampas y Fotografía del Prado.
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El recorrido va desde una escultura del siglo I hasta una pintura de 1910, con pinturas, esculturas y artes decorativas de las escuelas flamenca, francesa, italiana, española y del Norte, y una presencia notable de la colección del siglo XX. Lo interesante es que no se organiza por fechas, sino por temas: las cuatro secciones —'Plantas que cuentan historias', 'El Prado es un jardín', 'El gusto por las plantas' y 'Las emociones en el paisaje'— emparejan las obras por una misma planta o por su simbolismo. Entre los nombres que aparecen están Anton Van Dyck, Jan Brueghel el Viejo, Nicolas Poussin, Lucas Cranach el Viejo, Jacopo Amigoni y Aureliano de Beruete.
Ese juego de significados es buena parte del atractivo. Un clavel en el retrato de la infanta María Antonia Fernanda de Borbón, de Jacopo Amigoni, habla de amor, mientras que en la 'Vanitas' de Jacques Linard representa la fugacidad de la vida. El racimo de uvas en 'Virgen con el Niño, San Juan y los ángeles', de Lucas Cranach el Viejo (1536), simboliza la aceptación del sacrificio de Jesús; el laurel en 'San Juan Bautista niño', de Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia (1649-1703), remite a la vida eterna; y la rosa sin espinas en el retrato de María Cristina Teresa de Borbón, de Louise-Elisabeth Vigée-Lebrun (1755-1742), apunta a la pureza y la inocencia.
Detrás hay también un trabajo de taller. El 90% de las piezas han pasado por el Taller de Restauración del Prado, y ese proceso permitió descubrir la autoría de una obra que hasta ahora era desconocida: una escena de brujería del flamenco David Teniers el Joven, en la que aparece representado el lúpulo y que estaba en depósito en la Casa Museo Lope de Vega de Madrid; el cuadro podría pasar a formar parte de la colección permanente del Prado una vez termine la exposición.
La visita no se queda solo en mirar cuadros. Se completa con fotografías botánicas de la artista valenciana Paula Codoñer, estaciones olfativas con jazmín, rosa de mayo y azahar desarrolladas por Iberchem, y una estancia sonora que recrea un jardín de 1765 de Giovanni Battista Colombo (1717-1793), con el sonido de una fuente y cantos de aves. El diseño de las salas corre a cargo de La Creativa y se ha editado un catálogo. Después de Girona, la muestra seguirá itinerando por Tarragona, Lleida, Zaragoza, Sevilla y Valencia, así que aquí es donde se puede ver antes de que siga su camino.
Fecha de publicación
3 de agosto de 2026