
Con la llegada de la primavera y este sol que empieza a calentar, apetece un montón caminar por Gijón redescubriendo esos edificios que vemos a diario pero en los que pocas veces nos paramos a pensar. Hace poco se volvió a hablar mucho del palacio de 1919 y eso me hizo recordar que tenemos una ruta increíble de arquitectura palaciega y burguesa que mezcla historia con unas vistas al Cantábrico que son un lujo. El recorrido lógico empieza en Cimadevilla, donde el Palacio de Revillagigedo domina la Plaza del Marqués desde 1705. Es ese edificio barroco con torres almenadas que parece un castillo medieval y que hoy funciona como centro cultural. Justo al lado está la Colegiata de San Juan Bautista, que ahora se usa para conciertos por su buena acústica, formando un conjunto que es la viva imagen del Gijón histórico frente al puerto deportivo.
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Si seguimos caminando hacia el final del paseo marítimo, llegamos al Palacio Valdés, una joya del renacimiento italiano y estilo manierista asturiano construida entre 1564 y 1625. Es curioso pensar que lo que hoy es el Colegio del Santo Ángel de la Guarda fue diseñado por maestros como Juan de Cerecedo el Viejo y Juan Bautista Portigiani. Justo enfrente de las termas romanas, su fachada clasicista con dos torreones simétricos sigue siendo una de las estampas más elegantes de la ciudad. Muy cerca, en la esquina de Capua con Ezcurdia, se encuentra el Palacete de Alvargonzález, también conocido como El Martillo de Capua. Este edificio de 1888, reformado después por Mariano Marín Magallón para añadirle su famosa sala del Abanico y la terraza con balaustrada, ha pasado recientemente a manos del Instituto Urológico Asturiano tras casi 140 años de uso privado. Es imposible no fijarse en él cuando paseas por San Lorenzo, con sus frescos modernistas de Ventura Álvarez Sala asomando al mar.
Para terminar el paseo, lo ideal es alejarse un poco del centro hacia Somió, nuestra particular 'ciudad jardín'. Esta zona creció muchísimo a finales del siglo XIX gracias al tren y al tranvía, convirtiéndose en el refugio de la burguesía local. Allí destaca el Palacio de La Riega, una obra de Manuel del Busto de 1919 que es pura esencia barroca asturiana. Tiene una torre en esquina y una galería de madera preciosa que mira directamente hacia la playa y el mar. Es el punto final perfecto para entender cómo Gijón se expandió buscando la luz y el paisaje, dejando atrás las murallas para abrirse a estas quintas rodeadas de verde que todavía hoy conservan todo su encanto señorial.
Fecha de publicación
31 de marzo de 2026
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