
Si te acercaste a la Parroquia de Santa Cruz de Jove este pasado martes, 3 de febrero, seguro que viste la marabunta de gente esperando su bolsa de rosquillas. Hoy es jueves, y aunque la fiesta de San Blas ya pasó, el recuerdo de ese plan dulce y multitudinario sigue muy presente en Gijón. Es una tradición que, lejos de menguar, parece crecer cada año, atrayendo a cientos de gijoneses que buscan ese dulce con fama de protector.
Cada semana elegimos 🏆 los 5 mejores 🏆 planes de Gijón y te los enviamos. Solo un email semanal, sin spam.
Al enviar tu correo, aceptas nuestra Política de Privacidad
La devoción en Jove es palpable. Este año, la parroquia se volcó de nuevo, preparando más de 600 kilos de rosquillas. Para que te hagas una idea de la magnitud, en años recientes se han llegado a empaquetar unas 10.000 bolsas, y la demanda es tan alta que el párroco, Eduardo Zulaiba, ha confirmado que se registraron compras de hasta 200 paquetes por persona. La logística es compleja: la venta se organiza mediante papeletas (tickets) adquiridas con antelación en la propia iglesia y en locales colaboradores del barrio, como la Sidrería Román o la farmacia de Jove. Cada bolsa, que contiene diez rosquillas, se vendió a dos euros, un precio que se mantiene gracias al esfuerzo de la comunidad.
Pero, ¿de dónde viene esta tradición tan arraigada? La historia se remonta a 1942. El párroco de entonces, Don Eladio, fue quien trajo la idea y la receta desde el Monasterio de San Pelayo de Oviedo, conocido por sus dulces monacales. La encargada de dar vida a la receta fue Herminia Llera, el ama de llaves del templo, que comenzó a hornearlas para los niños del catecismo. La leyenda cuenta que aquel invierno se saldó con menos infecciones de garganta de lo habitual, y así nació la fama de las rosquillas de Jove como "sanadoras".
Aunque Herminia Llera dejó de elaborarlas en 1978, y hoy la producción se realiza en una fábrica externa para poder manejar el volumen, la parroquia de Jove sigue siendo la guardiana de la receta original. El párroco Zulaiba ha asegurado que la empresa encargada opera bajo un estricto contrato de confidencialidad, garantizando que el sabor tradicional, caracterizado por llevar "mucho huevo y mucha mantequilla", se mantenga intacto. Es un secreto culinario que ha perdurado más de ocho décadas.
La jornada del martes fue, como siempre, un día de fe y comunidad. El reparto de rosquillas comenzó a las 10:30 de la mañana, con un parón para la misa solemne de mediodía y la posterior procesión. San Blas, obispo y médico del siglo IV, es el patrón de las afecciones de garganta, y la bendición de las rosquillas es un ritual central. Según el párroco, esta bendición es lo que aporta al dulce sus facultades protectoras. Por la tarde, la celebración continuó con una misa especial para los niños, donde se bendicen las gargantas con las tradicionales velas cruzadas, un gesto que recuerda el milagro de San Blas al salvar a un niño que se ahogaba con una espina de pescado. Es un plan que une gastronomía, historia local y devoción, y que demuestra el fuerte arraigo de Jove en el calendario festivo gijonés.
Fecha de publicación
4 de febrero de 2026
Cada semana elegimos 🏆 los 5 mejores 🏆 planes de Gijón y te los enviamos. Solo un email semanal, sin spam.
Al enviar tu correo, aceptas nuestra Política de Privacidad