
El fin de semana pasado Gijón volvió a despedir el verano con una de sus fiestas más castizas y menos publicitadas: La Soledad. Del viernes 18 al domingo 20 de septiembre, los barrios de Pescadores y Cimavilla se juntaron para honrar a la Virgen de la Soledad, patrona de los pescadores, con un programa que mezcló juegos infantiles, verbenas, comida vecinal y una procesión marinera que es pura estampa gijonesa.
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El viernes empezó con tono familiar: a las 17:30, un pase musical infantil con personajes de Disney; a las 18:00, juegos para niños y adultos; y a las 21:00, el pregón de la Xanina 2025 y la elección de la Xania o Trasgu 2026. La noche se cerró con verbena, concurso de disfraces y el tradicional juego del sombrero, con el Grupo Aroma poniendo la música. El sábado fue el día más largo y variado. Empezó a las 10:30 con el clásico partido de fútbol de solteros contra casados; a las 12:00, el Día del Socio, con entrega de botella de vino y bollu preñau; y a las 13:00, una sesión de vermú con Tere Rojo y la esperada «Jornada de Callos». Por la tarde hubo más juegos para todos y, a las 22:30, otra verbena, esta vez con el Grupo Da Silva, que a las 00:30 remató con fuegos artificiales al son de la canción «Pescadores».
El domingo fue el día grande y el más solemne. A las 10:15, la Banda de Gaites Xaxum despertó el barrio con la diana y el pasacalles; a las 11:20, la procesión partió desde la Asociación Vecinal hasta la Lonja del Musel, donde a las 12:00 se celebró la misa solemne en la Lonja de los muelles del Rendiello. A las 12:30 llegó el momento más distintivo: la procesión marinera, en la que la imagen de la Virgen de la Soledad sale a la mar escoltada por embarcaciones y se arrojan ramos de flores a las aguas del Cantábrico. La tarde siguió con la comida de hermandad a las 15:00, la entrega de la placa a la persona de más edad de la Asociación Vecinal a las 17:00 y un bingo musical con el Grupo Da Silva a las 18:00.
En paralelo, en el barrio alto de Cimavilla se organizó una comida «de traje» frente a la Casa del Chino, en la Plaza de la Soledad, que reunió a más de 350 personas. Es decir, que mientras abajo se vivía la parte marinera y solemne, arriba se celebraba con una mesa compartida donde cada uno aportaba algo. Esa doble lectura —la procesión en el mar y la comida vecinal en la plaza— es lo que hace que La Soledad sea tan distinta de cualquier otra fiesta del calendario gijonés.
Si te la perdiste este año, conviene tenerla en el radar para el próximo septiembre. Es una fiesta pequeña en comparación con las grandes citas del verano, pero con una identidad muy marcada: barrio, mar y comunidad. Y si lo que te gusta es ese ambiente, Gijón tiene varias citas similares repartidas por sus barrios que merecen seguir de cerca.
Fecha de publicación
21 de septiembre de 2026
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