
Hay museos que se visitan por costumbre y otros que sorprenden por lo que deciden rescatar. El Museo de Plentzia, en el casco histórico de Plentzia, ha dedicado una de sus salas a la radiotelegrafía, un tema que a primera vista parece técnico y lejano, pero que en realidad cuenta cómo cambió nuestra forma de comunicarnos. La exposición se centra en la telegrafía sin hilos, ese sistema que permitió enviar mensajes a través del espacio sin necesidad de cables, y lo hace desde un edificio con mucha solera: un antiguo consistorio de la Villa del siglo XVI que hoy forma parte de la Red de Museos de la Costa Vasca.
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Para entender el contexto, conviene saber que el museo se fundó en 1998 y guarda más de 1.450 piezas ligadas a la historia de Plentzia y su relación con el mar: instrumentos de navegación, maquetas de barcos, cartografía, fotografías de marinos y objetos de uso náutico. Entre lo más valorado están una maqueta muy detallada del velero petrolero «San Ignacio de Loyola» y un ancla que podría datar del siglo XVII. Que un museo dedicado al mar reserve espacio para la radiotelegrafía tiene todo el sentido del mundo, porque fue precisamente en la navegación donde este sistema demostró su utilidad real.
La radiotelegrafía funciona transmitiendo señales eléctricas mediante ondas de radio, y su historia se resume bien en la figura de Guillermo Marconi. Él fue quien convirtió un experimento científico en un sistema práctico: en 1899 envió señales desde Dover hasta una estación cercana a Boulogne, en Francia, cruzando el canal de la Mancha a unos cincuenta kilómetros de distancia. El gran salto llegó en 1901, cuando comunicó el sudoeste del Reino Unido con Terranova, en Canadá, a más de tres mil kilómetros; esa fecha se considera el hito más importante en el desarrollo de la radio. A partir de ahí, la telegrafía sin hilos se volvió fundamental en la navegación, en la guerra y en las comunicaciones a larga distancia.
Lo interesante de ver esto en Plentzia es el contraste: un edificio del siglo XVI albergando la historia de una tecnología que acortó el mundo. La exposición no se queda en lo técnico, sino que sitúa esos avances dentro de la historia marítima que el museo ya cuenta en el resto de sus salas. Es una buena excusa para acercarse al casco histórico y descubrir un rincón que no suele aparecer en las guías más habituales.
Si te apetece ir, ten en cuenta los horarios, que son algo específicos: abre jueves y domingo de 11:00 a 14:00, y viernes y sábado de 11:00 a 20:00, y cierra lunes, martes y miércoles. La entrada es gratuita para el público general, aunque se recomienda reservar si quieres ver también el archivo histórico de Plentzia. El museo está en Goienkale, 27, y ofrece visitas guiadas para quien prefiera que le cuenten la historia en lugar de leerla en los carteles. Con entrada libre y un edificio con tanta historia, es un plan tranquilo y distinto para una mañana en la costa.
Fecha de publicación
17 de agosto de 2026
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