
Hay tabernas que se ganan su sitio sin hacer ruido, y Luscofusco es una de ellas. Está en la Praza Cruceiro de Canido, en pleno barrio de Canido, y desde que abrió en marzo de 2022 se ha convertido en una parada fija para quien busca comer bien y sin complicaciones. La lleva Antón Rendal, conocido como Toni, que arrastra una trayectoria larga en hostelería: ha pasado por O Bo Paadal, A Cándida y por hoteles de Ferrol, y también por Barcelona y Tenerife. Antes que él, el local fue Tía Carmiña y después La Casita.
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La cocina va por el camino mediterráneo y español, con el pescado y el marisco como protagonistas, aunque hay opciones vegetarianas. Lo que más se repite es el formato: raciones generosas con una relación cantidad-calidad-precio difícil de mejorar. Entre lo más pedido están la ensaladilla mimosa, montada por capas, el jarrete con patatas fritas y salsa de tomate, las vieiras, la tortilla y la tarta de queso casera. El ticket ronda los 10-20 euros por persona, así que es un sitio para ir a compartir y no para gastar una fortuna.
El local es pequeño, con unas pocas mesas dentro, una terraza de unas seis mesas en la misma plaza y un patio interior que coge sol directo al mediodía por su orientación. El servicio se describe como amable, atento y simpático, y eso cuenta mucho en un sitio de barrio. Hay servicio de mesa, carta de vinos, cerveza, comida para llevar y aceptan tarjeta, aunque no hacen delivery ni curbside pickup y el acceso no está adaptado para sillas de ruedas. Los horarios son amplios: abre de lunes a domingo con dos turnos, excepto los martes que cierra, y los fines de semana alarga la cena hasta las 00:30. En Google acumula un 4,7 sobre 5 con casi cien reseñas, con la comida y el trato como los puntos fuertes.
Ir a Luscofusco da además para alargar la tarde por el barrio. Canido es un barrio popular con historia —la primera mención documentada de la villa, entonces Canito, es de 1111— que ha pasado por momentos duros, como la crisis de los astilleros, casas abandonadas e incendios, pero que desde 2008 vive una revitalización artística. El proyecto más conocido es Las Meninas de Canido, impulsado por el pintor ferrolano Eduardo Hermida, vecino de toda la vida: más de 300 versiones del cuadro de Velázquez repartidas por el barrio, en distintos tamaños y estilos. Hay visitas guiadas con el propio Hermida para grupos de diez personas, talleres pictóricos y una aplicación de realidad aumentada que hace cobrar vida a veinte de las meninas pintadas. El primer fin de semana de septiembre se celebra un festival con artistas, música, poesía y gastronomía. Así que una comida en Luscofusco encaja perfectamente con un paseo por las meninas, y con el puerto histórico, el castillo de San Carlos y la tradición marinera de Ferrol como telón de fondo.