
El Castillo de Elda es uno de esos monumentos que se ven desde casi cualquier punto de la ciudad. Se alza sobre un montículo en pleno centro histórico, al norte de Elda, entre la avenida de Nuevo Hamburgo y la calle de las Virtudes, y desde ahí domina todo el valle del Vinalopó. Es uno de los recintos amurallados más grandes de la provincia de Alicante: el recinto poligonal ocupa unos 2.700 metros cuadrados, con una superficie amurallada que llega a los 5.231. La muralla está flanqueada por diez torres y cubos, dos circulares y el resto cuadrangulares, que encierran un gran patio interrumpido por un aljibe que recogía el agua de lluvia, además de restos de dependencias y de la capilla.
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Su historia da para varias vidas. Lo levantaron los almohades entre 1172 y 1243, tras la derrota en la batalla de Huete, para proteger la Elda islámica. Con la conquista cristiana, entre mediados del siglo XIII y principios del XV, el castillo cambió de manos y en su interior se levantó el templo de Santa María, probablemente el primer edificio de culto cristiano de la Elda medieval. A finales del siglo XIV y principios del XV pasó a manos de doña Violante y luego de los condes de Cocentaina, los Corella, hasta que en 1513 el conde se lo vendió a Juan de Coloma. Fue la familia Coloma la que, durante el siglo XVI y parte del XVII, transformó la fortaleza militar en un palacio condal, añadiendo la puerta de acceso, torres circulares, habitaciones señoriales, una pequeña capilla, una gran cisterna de agua y dependencias domésticas.
La decadencia llegó después de la expulsión de los moriscos, que perjudicó a los condes de Coloma y los obligó a trasladarse a Valencia. En el siglo XIX el deterioro se aceleró: el Estado español lo adquirió en 1841 y lo subastó en 1848 por 121.000 reales. En esos años el castillo vivió una etapa extraña: en 1842 se intentó demoler para construir un puente sobre el Vinalopó, en 1844 se quiso convertir en cárcel del Juzgado de Primera Instancia y en 1846 se acondicionó un espacio para funciones teatrales, cómicos y suelta de novillos. Finalmente, su dueño entre 1866 y 1886, el maestro de obras Pedro León Navarro y Vidal, lo derribó y expolió sus mármoles, sillería, maderas, artesonados, muebles y metales. En 1879 se construyó el puente sobre el Vinalopó usando la sillería de las torres circulares.
Hoy el castillo está en estado de ruina, restaurado parcialmente. Desde 1983 se desarrollan trabajos de reconstrucción, y la última gran intervención, con aportación de la Generalitat Valenciana, se centró en el antemural A4 y la Torre número 10. Está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de monumento desde el 8 de marzo de 2001. La visita se hace por el mediodía, desde la Plazuela del Castillo, con una puerta de antemural a 4,90 metros de altura. Dentro se conservan restos habitacionales meridionales, la capilla palaciega, almacenes de aceite y dos cisternas: una subterránea del siglo XV-XVI, de unos 11 por 5,50 metros y 4,70 de profundidad, con capacidad estimada de 255 metros cúbicos, y otra de cronología andalusí, del siglo XII-XIII. Las visitas deben concertarse previamente con la Concejalía de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Elda o en el Museo Arqueológico Municipal, y se realizan guiadas una vez finalizadas las primeras fases de restauración. Existe además la asociación Amigos del Castillo de Elda, que vela por este y otros yacimientos de la ciudad.
Fecha de publicación
19 de agosto de 2026
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