
Hay sitios que cuentan la historia de un barrio casi sin darse cuenta, y Er Beti es uno de ellos. En El Puerto de Santa María, esta taberna lleva funcionando desde 1957, cuando abrió como despacho de vinos, y desde 1959 se convirtió en lo que es hoy: un sitio de tapas y vinos con una barra amplia, mesas altas en una zona adjunta y terraza exterior. Está en la calle Misericordia, 7, en pleno centro histórico, muy cerca del parque Calderón y del río Guadalete, una ubicación que explica buena parte de su clientela.
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La regentan José Manuel Garrido, hijo de Pepe Garrido, que tuvo el local hasta 2016, y su sobrino Manuel Lores. La carta se mueve en el terreno de lo clásico y lo local, sin pretensiones pero con producto. Entre lo más pedido están las tortillas de camarones, hechas con la masa de harina de garbanzos típica de Cádiz; las papas aliñadas, que son patatas con cebolla y atún; el paté de cabracho; el lomo en manteca, con la manteca colorá de Vejer como recomendación; y los palitos crujientes de puerros gratinados con miel. Los fines de semana entran en juego los guisos tradicionales: higaditos de pollo, sangre en tomate, lengua en salsa y ajo caliente. El ticket ronda los 10 o 20 euros, dependiendo de cuánto se pique.
Esa misma familia ha llevado el proyecto un paso más allá con una segunda propuesta. La Fresca Er Beti abrió el 9 de abril de 2025 en la Plaza de la Herrería, en el espacio que antes ocupaba el restaurante Bibu, y lo inauguró el teniente de alcalde de Hostelería, David Calleja. El concepto se centra en el tapeo tradicional, repartido por registros: platos fríos como la caña de lomo ibérico, el jamón ibérico y la ensaladilla; montaditos de piripi, lomo en manteca y pringá; frituras con tortilla de camarones, croquetas y boquerones; y especialidades calientes como las chistorras con huevo, los riñones al Jerez y la carrillada. Abre de lunes a domingo, de 8:00 a 16:00 y de 20:00 a 23:00 horas.
Lo interesante aquí es el contraste entre los dos locales. Er Beti conserva ese aire de taberna de toda la vida, con su barra protagonista y sus guisos de fin de semana, mientras que La Fresca se plantea como un tapeo más variado y abierto a cualquier momento del día, con una carta que va del montadito frío a la fritura y la especialidad caliente. Entre uno y otro hay apenas unos pasos, así que quien quiera comparar las dos versiones del mismo proyecto lo tiene fácil. En cualquiera de los dos casos, el denominador común es una cocina que no busca reinventar la tapa, sino hacerla bien, con producto de la zona y sin complicaciones. Si buscas un sitio con solera en el centro del Puerto, Er Beti es una parada natural, y La Fresca una alternativa más amplia para tapear en cualquier momento.