
Hay clubes de fútbol que se miden en trofeos y otros que se miden en vidas. El CF Tramontana, en el barrio de La Mina, en El Prat de Llobregat, pertenece claramente al segundo grupo. Nació en el año 2000, cuando Toni Porto, uno de los gitanos más respetados del barrio, veía a muchos niños sin oportunidad de jugar al fútbol y decidió montar un club para sacarlos de la calle. Le costó dos años de papeleo ponerlo en marcha, empezó con catorce niños y hoy reúne a más de doscientos, con todas las categorías cubiertas. Veinticinco años después, el proyecto se ha convertido en una referencia dentro de La Mina, aunque su objetivo nunca fue únicamente deportivo: enseñar una buena educación a través del deporte, con valores y comunicación con otros niños.
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La parte que más ruido ha hecho, sin embargo, es la más reciente. Hace unos cuatro años, Porto decidió crear un equipo femenino formado por niñas de etnia gitana, y lo hizo sin apoyo inicial dentro del propio club. El resultado es el primer equipo federado de mujeres gitanas de toda España, y según el propio Porto, creen que es el primero de toda Europa. Empezó con siete u ocho chicas y hoy son unas quince, con la más pequeña de 15 años y la mayor de 38; todas son del barrio y la mayoría gitanas. Entrenan en el ZEM La Mina, y entre ellas se han integrado también jugadoras que no son gitanas, como Emilia Moreno 'Emi', de 17 años, y las gemelas Alejandra y Claudia Martín, de 19. La más veterana es Eli Narvalaz, de 38 años, que empezó como entrenadora y ahora también juega, con dos hijas en casa.
El camino no ha sido sencillo. María José Jiménez, presidenta de la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad, explica que las mujeres gitanas se encuentran con una doble barrera: el antigitanismo y el sexismo se cruzan. Fuera del barrio, Porto recuerda que llegaban comentarios del tipo 'andad con cuidado con las niñas, con los bolsos, con los vestuarios'. A eso se suman los obstáculos económicos, que son el mayor impedimento: el equipo femenino se financia del bolsillo de Porto, y cada ficha de jugadora cuesta 130 euros, a lo que hay que sumar los desplazamientos y los arbitrajes. De hecho, espera que la repercusión mediática ayude a encontrar un patrocinador.
El reconocimiento llegó esta misma semana, cuando la Federació Catalana premió al club por usar el fútbol como motor de transformación de un barrio. Para Porto, el éxito no está en las vitrinas, sino en una imagen que resume el espíritu del club: 'Han venido niños a apuntarse con el dedo fuera de la zapatilla y les hemos comprado botas'. De aquellos catorce niños iniciales se ha pasado a más de doscientos, y el equipo femenino, que lleva dos años y medio, sigue creciendo: para el año que viene ya se montan dos equipos de niñas. El entrenador, en Miguel, cree que el deporte aporta hábitos que van más allá del campo y ve a sus jugadoras triunfando algún día en un equipo de Primera División. Mientras tanto, el CF Tramontana sigue siendo, sobre todo, el sitio donde los niños y las niñas de La Mina tienen un sitio donde jugar.
Fecha de publicación
23 de agosto de 2026
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