
Hay carreteras que se disfrutan más por el camino que por el destino, y la C-31 es una de ellas. Conocida como el eje costero o la carretera de las costas del Garraf, serpentea por los acantilados del macizo del Garraf, una zona montañosa y parque natural en la periferia de Barcelona. Conecta Castelldefels con Sitges en unos 23 kilómetros y 86 curvas que alargan el trayecto hasta casi una hora, así que conviene hacerla entre semana y a horas extrañas para no cruzarse con la afluencia de ciclistas. Funciona igual de bien en coche que en moto, aunque quien la ha recorrido sugiere un descapotable para no perderse el paisaje. En el tramo hacia Sitges hay que tener presente el movimiento de camiones que van y vienen de la cementera de Portland Valderribas, en Vallcarca.
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La alternativa rápida es la autopista C-32, la Pau Casals, que salva el macizo por túneles y deja el trayecto en 20 minutos a cambio de un peaje de 6 euros. La C-31, en cambio, se remonta a finales del siglo XIX, se construyó sobre un antiguo camino medieval y se reformó hace una década, aunque casi no tiene arcenes. El entorno que se ve desde el asfalto es el Macizo del Garraf, un sistema kárstico de apariencia árida y relieves abruptos donde el agua ha ido excavando cuevas, dolinas y simas. Es un espacio natural protegido de unas 13.000 hectáreas repartido entre el Baix Llobregat, el Alt Penedès y la propia comarca del Garraf, con cimas como el Puig d'Agulles (653 m), la Morella (596 m) o la Creu de l'Aragall (549 m), y por el que pasan senderos de gran recorrido como el GR 5 y el GR 92.
Sitges, el punto final, fue pionera del turismo en Cataluña y en Europa. Su ambiente cosmopolita y bohemio lo impulsó a finales del siglo XIX el pintor modernista Santiago Rusiñol, que allí fundó su taller-museo, el Cau Ferrat, y lo resucitó más tarde Ricardo Urgell abriendo la primera discoteca Pacha, un año antes que la de Ibiza. El pueblo conserva 88 casas modernistas levantadas por los indianos, sitgetanos que emigraron a Cuba y Puerto Rico en los siglos XVIII y XIX. En la mesa mandan los productos del mar: pescados, arroces marineros como el arroz a la sitgetana, fideuás, suquet y el xató, esa ensalada de escarola con anchoas y salsa Romesco. Sitges es además mundialmente conocida por su Festival Internacional de Cine Fantástico, en octubre, y por el Rally Internacional de Coches de Época, que se disputa cada marzo.
Cerca, entre Sitges y Vilanova i la Geltrú, quedan los restos del Autódromo Nacional de Sitges Terramar, un circuito oval levantado en 1923 por Federico 'Frick' Armangué y Juan Mestres. Tenía unos dos kilómetros con peraltes de 60 a 90 grados y se inauguró el 28 de octubre de 1923 con el Primer Gran Premio de España, siendo el primer circuito permanente de competiciones automovilísticas del país y el tercero de Europa tras Brooklands y Monza. Las carreras internacionales cesaron en 1927 por problemas de seguridad y económicos, y se usó para pruebas regionales y luego para motociclismo hasta 1956. Tras décadas de abandono, el terreno es propiedad privada y se puede visitar en guiadas desde 2010; en 2017 sirvió de escenario para un episodio de The Grand Tour.
Fecha de publicación
25 de julio de 2026
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