
Hay una parada en Dos Hermanas que pasa desapercibida para casi todo el mundo y que encierra buena parte de la historia del municipio. La Capilla de Santa Ana, en la calle Antonia Díaz, 19, es un pequeño templo adosado a la iglesia de Santa María Magdalena, de una sola nave y testero plano, con un aire mudéjar reformado en el siglo XVIII que se reconstruyó a finales del XIX y se restauró en 1996. Dentro está el retablo mayor, el más antiguo que se conserva en la ciudad, y es el motivo por el que merece la visita.
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El retablo es barroco, de finales del siglo XVII y principios del XVIII, y lo levantó el maestro ensamblador Juan Francisco de Valencia en madera de pino de Flandes; sus trazas se cerraron en 1702. Costó 500 ducados, que pagó la hermandad de la Patrona, y pudo dorarse gracias a los 500 pesos escudos que aportó el indiano Bartolomé Rodríguez de Córdoba. Se apoya sobre un alto banco y su cuerpo principal se organiza en tres calles separadas por columnas salomónicas de seis espiras con motivos florales y capiteles corintios. En el nicho central preside un grupo escultórico de Santa Ana, la Virgen y el Niño, del primer cuarto del siglo XIV y restaurado en 1946, mientras que en los laterales figuran San José, de pie con su vara de azucenas y el Niño Jesús, y San Joaquín, con báculo y una oveja. La autoría de estas dos imágenes se atribuye a los escultores Agustín y Miguel de Perea, padre e hijo. En el ático hay una hornacina trilobulada con una imagen de San Roque del siglo XVI, y a los pies de la Patrona se guarda un relicario de madera con la cruz, el rosario y la campanilla. Sobre el banco, dos bustos muestran a las dos hermanas en actitud de rezar.
Lo más curioso es lo que había antes. La ermita debió tener un retablo renacentista, probablemente de los años 1590 y de tipología tríptica, del que solo se conservan las dos puertas laterales abatibles, decoradas solo por dentro y que se abren y cierran con llave. Son la primera representación gráfica de la leyenda del hallazgo de la Patrona: una muestra a San Pedro Apóstol y el momento en que las hermanas encuentran la talla y sus reliquias; la otra, a San Pablo y el sueño en el que un ángel les indica dónde buscar. Las pinturas toman como base el relato que el licenciado Juan Ponce de León puso por escrito a finales del siglo XVI, y en el hallazgo aparecen las dos hermanas, la laguna que menciona el texto y, al fondo, la ciudad de Sevilla con la Giralda. Se desconoce la autoría, aunque el Catálogo Arqueológico y Artístico de la provincia de Sevilla de 1951 lo atribuye al círculo de Alonso Vázquez.
Todo esto gira en torno a la imagen gótica de Santa Ana, la "Triplex" del siglo XIII, patrona de la ciudad, que procesiona la noche del 26 de julio. La leyenda cuenta que las hermanas Elvira y Estefanía Nazareno la hallaron en una cueva, descubrimiento que dio nombre a Dos Hermanas y gentilicio a sus habitantes, los nazarenos; esa misma cueva se conserva en la capilla. Es, en resumen, uno de esos rincones pequeños que cuentan mucho sobre el origen del pueblo.
Fecha de publicación
8 de septiembre de 2026
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