
El domingo pasado, 30 de agosto, Jesús Pobre puso el punto final a su Agost Cultural con la Gran Escaldà, una de esas tradiciones que explican buena parte de la historia agrícola de la Marina Alta. La cita se celebró en el Riurau del Senyoret, el gran riurau del Senyor de Benissadeví, uno de los cuatro grandes que quedan en pie: un asilado de diez arcos carpanel a doble cara, con aspecto casi catedralicio y construido probablemente a principios del siglo XIX. Fue allí donde, desde las 10:00, se volvió a ver el proceso con el que la uva moscatel se convierte en pasa.
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La tradición está declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial desde 2018, y el ritual es casi litúrgico. La uva moscatel se escalda en agua hirviendo perfumada con olivarda y plantas aromáticas del Montgó; mientras tanto, las mujeres examinan el fruto y exclaman «Ha tallat!» en cuanto la piel se rasga levemente, que es lo que acelera su desecación. Después, los racimos se extienden sobre canizos para secarse al sol durante unas dos semanas, protegidos por un armazón de velas arriadas. Quienes escaldan lo hacen vestidos de labradores, y dentro del riurau también se recupera el oficio de la artesanía social y ecológica, como la llata y los propios canizos.
La jornada arrancó con el encendido de la caldera y la transformación de la uva, y durante la mañana hubo espacio para el Grup de Danses de Jesús Pobre acompañado por La Colla la Xareta, además de las actuaciones del mago Toni Bright y del cantautor valenciano Pau Alabajos, que interpretó poemas adaptados de Maria Mercè Marçal y Vicent Andrés Estellés. La organización corrió a cargo de la EATIM de Jesús Pobre y la Associació de Veïns i Veïnes, que convirtieron el municipio en aparador de esta práctica agrícola durante casi todo el mes, del 6 al 30 de agosto.
No fue la única cita del verano. Antes llegó la Escaldà del Veïnat, el sábado 22 de agosto, con un carácter más práctico y vecinal, y el programa incluyó una excursión a los tres molins de Jesús Pobre el 6 de agosto, un taller de farolets para los más pequeños el día 13 y un concierto a solas de Pau Alabajos el 28. La Gran Escaldà cerró el ciclo, pero también recordó que el Riurau del Senyoret sigue siendo un punto de encuentro entre generaciones: en el siglo XIX tuvo un peso económico y social enorme, y la tradición de la pasa, que se remonta a la época andalusí y alcanzó su esplendor en los siglos XVIII y XIX, se exportaba desde los puertos de Dénia y Xàbia a medio mundo. Hoy, más que un producto comercial, lo que se pone en valor es la memoria agrícola de una comarca que no quiere olvidar cómo se hacía.
Fecha de publicación
2 de septiembre de 2026