
La Catedral de Santa María y San Julián de Cuenca acaba de cerrar una semana intensa. Del 8 al 15 de agosto celebró la quinta edición de Mirabilia, el festival que cada verano convierte el templo en un escenario de música medieval, y este año lo hizo bajo el lema 'Cruzadas. Tierra Santa, horizonte espiritual, cultural y político'. La dirección volvió a recaer en la musicóloga e intérprete Cristina Alís Raurich, que centró la programación en la canción de cruzada, ese repertorio de los siglos XII y XIII que mezcla lo sagrado con lo profano.
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El grueso del festival se repartió en cuatro conciertos, todos a las 21:00 y dentro de distintos espacios de la catedral. El 9 de agosto abrió Lamia Yared junto a Efrén López y Didem Başar con 'Cantos de los cristianos de Oriente', una lectura de himnos siríacos y maronitas. El 11 le tocó el turno a Brice Duisit y a su 'Señores cruzados, os haré un canto de crítica', dedicado a los sirventeses que escribían contra los cátaros, solo con voz y fídula. El 12, el ensemble InTactvs —Simona Gatto, Efrén López y Miriam Encinas— interpretó 'Joaquín de Fiore. La edad del espíritu en los caminos de Jerusalén', con cantos de peregrinos, canciones trovadorescas y piezas ligadas al imaginario de Jerusalén. Y el 15, los propios alumnos de los cursos del festival pusieron el cierre con 'La Cruzada contada por los trovadores', que terminó en una misa medieval reconstruida a partir de fuentes históricas.
Detrás de los conciertos hubo también una parte académica. Mirabilia no es solo escuchar: incluye un curso que combina el estudio de fuentes históricas con la práctica artística, impartido por un profesorado internacional del que forman parte nombres como Brice Duisit, Susanne Ansorg, Erwan Picquet, Efrén López, Enrique Pastor, María de Mingo, Christian Ploix, Pere Olivé y David Catalunya. Las entradas se vendieron a través de la plataforma oficial de la catedral y de globalentradas, con un abono general para los cuatro conciertos.
El escenario no es un detalle menor. La catedral, de estilo gótico del siglo XIII, se levantó sobre la antigua mezquita que había en el centro de la villa tras la reconquista cristiana de 1177, comenzó su construcción en el reinado de Alfonso VIII con influencias francesas y normandas y se consagró primero bajo San Julián, segundo obispo de Cuenca, y luego como Santa María en 1208. La primera etapa se cerró en 1257. Tiene 120 metros de largo y 36 de altura en su área central interna, con unos 10.000 metros cuadrados. Destacan su triforio, único en España, y la Torre del Ángel, un linterna-cimborrio de aire anglonormando. Su historia da para mucho: un incendio provocado por un rayo el 1 de julio de 1837, el derrumbe de la Torre del Giraldo el 13 de abril de 1902 —con víctimas—, su declaración como monumento nacional el 23 de agosto de ese mismo año y la condición de Basílica Mayor que le concedió el papa Pío IX en 1849. El claustro renacentista se construyó desde 1585 y se reconstruyó en 1996 tras el derrumbe de la torre.
Si te quedaste con ganas, el templo sigue abierto. Del 1 de julio al 1 de noviembre abre de 10:00 a 19:30, de lunes a domingo, y la taquilla deja de vender media hora antes del cierre. La entrada individual cuesta 5,50 €, el Museo Tesoro 4,00 €, San Pedro y Torre 2,50 €, el conjunto Catedral más Triforio 7,00 € y la entrada completa de todos los espacios 10,50 €, con precios reducidos para mayores de 65 años, estudiantes menores de 25, discapacitados y grupos de más de 15 personas, y acceso gratuito para residentes en Cuenca con DNI, titulares de la Tarjeta Amigos de la Catedral y menores de 8 años.
Fecha de publicación
19 de agosto de 2026
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