
Hay planes que se resumen en una palabra: vistas. El Castillo de Cuenca es uno de esos, y lo mejor es que no cuesta nada. Se alza en la parte más alta de la peña, entre el Barrio del Castillo y la Calle del Trabuco, a más de 1.000 metros de altura, y desde ahí se dominan las hoces del Júcar y del Huécar. Forma parte del conjunto de la ciudad histórica fortificada, declarada Patrimonio de la Humanidad, y hoy se conserva en lo que se conoce como ruina consolidada: muros en pie, pero sin techo que cubrir.
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Su historia explica por qué queda así. Lo levantaron los árabes y lo conquistó Alfonso VIII en 1177, que lo transformó en una fortaleza cristiana medieval. Siglos después, los Reyes Católicos ordenaron su demolición, quizá para limitar el poder de los señores feudales, y las últimas piedras cayeron durante la invasión napoleónica, cuando los franceses volaron la fortaleza para que los guerrilleros españoles no pudieran usarla. De aquel conjunto quedan el Arco de Bezudo, una de las antiguas puertas con aspecto del siglo XVI que sirve de entrada, varios torreones cuadrados que bajan hasta el nivel de las dos hoces y un breve tramo que fue puente levadizo.
Lo práctico es lo más sencillo. El acceso al recinto exterior, al Arco de Bezudo y a los miradores es libre y gratuito, sin horario ni taquilla, así que se puede ir cuando apetezca. Con media hora o una hora basta para verlo con calma, y las mejores horas son la primera de la mañana o el atardecer, cuando la luz pega de lleno en las hoces. Para subir se puede ir andando desde la Catedral, unos quince o veinte minutos, o en el bus urbano L1. La dirección exacta es Calle Trabuco, 4. El único edificio con acceso controlado es el Archivo Histórico Provincial, que antes fue Tribunal de la Inquisición y abre de lunes a viernes de 9:00 a 14:00 con entrada gratuita presentando identificación.
Si vas con niños, conviene tener cuidado en las zonas de muralla que no tienen barandilla alta. Y un par de detalles que no sobran: el calzado con buen agarre es necesario por las cuestas de piedra empedrada, y arriba refresca más que abajo. Alrededor quedan los miradores desde los que se ven el Júcar, el Huécar, el Puente de San Pablo y el propio barrio del Castillo, con sus calles estrechas y casas de colores.
Desde Madrid, el trayecto es cómodo. En AVE o Avant se llega a Cuenca Fernando Zóbel en algo más de media hora, y desde allí hay lanzadera al centro y línea L1 hasta el barrio del Castillo. En coche, por la A-3 y la A-40, son alrededor de una hora y cuarenta minutos. Las mejores épocas son la primavera, entre abril y mayo, y el otoño, en septiembre y octubre, cuando el clima acompaña. Y si te sobra tiempo, aparcar gratis junto al barrio del Castillo deja cerca la Catedral, las Casas Colgadas y el Puente de San Pablo.
Fecha de publicación
11 de agosto de 2026
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