
Hay castillos que se visitan para ver piedras y otros que se visitan para mirar el paisaje. El Castillo de Cuenca es de los dos. Se alza en lo más alto de la ciudad, entre el Barrio del Castillo y la Calle del Trabuco, sobre la antigua alcazaba andalusí que se levantó en el siglo IX. En 1177, Alfonso VIII de Castilla conquistó la ciudad y transformó el conjunto en una fortaleza cristiana medieval, y fue precisamente él quien residió en el castillo durante los diez años que gobernó. En 1996, Cuenca fue declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y el castillo es una de las razones.
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Lo que queda en pie merece la pena. Se conservan fragmentos de la muralla, varios torreones cuadrados y el Arco de Bezudo, también conocido como Arco de los Hermanos Rodríguez Bezudo, una de las antiguas puertas de acceso a la ciudad. Se construyó en el siglo XVI sobre el original del siglo IX y lleva un escudo con el toisón que recuerda la muerte de los hermanos Rodríguez Bezudo durante la toma de la ciudad por parte de Alfonso VI. Las ruinas, más que por su arquitectura, sorprenden por lo que dejan ver: desde aquí se dominan al mismo tiempo las hoces del río Júcar y las del río Huécar. Por el Huécar se distinguen las Casas Colgadas, el Puente de San Pablo y la Iglesia de San Pablo; por el Júcar, la Hoz del río y sus famosos 'Ojos de la Mora'.
Esos ojos son dos grandes figuras pintadas en la roca del Cerro de la Doncella, y forman parte de una leyenda de amor prohibido de casi mil años. La historia se sitúa en el contexto de la conquista cristiana del siglo XII: una mora y un soldado cristiano se enamoraron, ella murió de un corazón roto y sus ojos quedaron mirando la parte antigua de la ciudad. La Facultad de Bellas Artes de la universidad de Cuenca los repinta cada año. La mejor vista se tiene desde el mirador de Ojos de la Mora, en la Plaza la Merced, o subiendo por las escaleras que quedan detrás del restaurante hacia la cruz del diablo.
Para quien quiera exprimir la visita, el entorno está lleno de miradores. El del Barrio del Castillo es el más obvio; el Mirador del Rey es el punto más alto y requiere una caminata de unos diez minutos; el Mirador de San Miguel asoma a la hoz del Júcar; el Florencio Cañas da al Convento de San Pablo; y el Mirador del Castillo, justo bajo las ruinas, ofrece vistas a las casas del cerro y al mismo convento. Muy cerca, sobre la Hoz del Huécar, está el edificio que hoy es Archivo Histórico Provincial: fue residencia real, acogió el Tribunal de la Inquisición, sirvió de cuartel en la Guerra de la Independencia y las guerras carlistas, y funcionó como prisión antes de su rehabilitación. Conserva más de siete kilómetros lineales de documentos desde el siglo XVIII y en su entrada hay una estatua de Fray Luis de León, el poeta nacido en Belmonte que pasó casi cinco años preso de la Inquisición en Valladolid.
Llegar es sencillo. En AVE desde Atocha o Chamartín hasta Cuenca Fernando Zóbel se tarda unos 55 minutos y ronda los 25 euros. En coche son unos 170 kilómetros por la A-3 y la A-40, cerca de dos horas desde Madrid y sin peajes, con un parking gratuito en la calle Larga, 23. A pie, desde la Catedral son unos quince o veinte minutos por la calle de San Pedro y luego por la del Trabuco.
Fecha de publicación
21 de septiembre de 2026
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