
En 2023, Cuenca recibió el título de Capital Gastronómica de España, otorgado por la Federación Española de Periodistas de Turismo junto a Hostelería de España, la Secretaría de Estado de Turismo y el Ministerio de Agricultura. Era el tercer intento de la ciudad por conseguirlo. Según Pedro Palacios, portavoz del jurado de la iniciativa Raíz Culinaria, impulsada por la Junta de Castilla-La Mancha, la cocina conquense es una cocina de siempre que convive con propuestas atrevidas y muy distintas, lideradas por cocineros jóvenes. La celebración incluyó actividades repartidas por toda la provincia, como un desayuno en globo, una cena en el Puente de San Pablo o una comida en una sala del Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha.
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Si te gusta comer bien sin complicarte, la despensa de la zona da mucho juego. Aquí se cocina con queso manchego D.O.P., azafrán de La Mancha, ajo negro de Las Pedroñeras, trucha del Júcar o carne de caza, y en las cartas aparecen las migas manchegas, el pisto, el ajoarriero, el atascaburras, los zarajos o el alajú, un dulce de miel y almendras con origen árabe. El gran protagonista es el morteruelo, una pasta de hígado de cerdo, especias y pan rallado que se considera el plato estrella de la provincia. También verás el mojete, una ensalada con tomate, cebolla, huevo, atún y aceitunas, que es más sencilla de lo que suena y encaja muy bien como entrante.
Entre los sitios donde probar esa mezcla de tradición y cocina nueva, Raff San Pedro ocupa unas antiguas caballerizas del siglo XVI en la calle San Pedro. Miguel Escutia, que ha trabajado en cocinas como El Bulli, propone una cocina que define como tradicional del siglo XXI, con productos de huertas, campos y montes de Cuenca. Su menú de diez pasos, que cambia según el mercado, cuesta 45€. Otra referencia es Casa de la Sirena, en la calle Obispo Valero, donde el chef Jesús Segura trabaja una cocina contemporánea en un antiguo almacén. En la zona de la Ronda de Julián Romero, Casa Manzar cuenta con terraza sobre la Hoz del Huécar, y en la calle Colón, Marlo lleva más de tres décadas sirviendo ajoarriero, morteruelo y pisto. Si prefieres algo con más aire actual, Romera Bistró, en la calle de los Tintes, fusiona tradición y vanguardia con una carta mediterránea y ecléctica.
Para el plan más informal, el casco histórico se presta a ir de barra en barra. La Ponderosa, en la calle San Francisco, abre desde 1973 y es conocida por sus revueltos de setas silvestres, sus zarajos y su morteruelo caliente. Taberna Albero, pequeña y muy concurrida en la calle Clavel, tiene tapas caseras a precios de entre 5€ y 7€, y Mesón Darling, en la calle Torres, sirve raciones generosas de producto típico. Para el desayuno o la merienda, Confitería Ruiz, abierta en 1951 en la calle Carretería, y Confitería Marisol, con su alajú de almendra y piñones, son paradas habituales. Y si buscas un final de comida con sabor local, el resolí, un licor de café con corteza de naranja, se sirve muy frío. Eso sí, los fines de semana y los puentes las mesas del casco histórico se llenan rápido, así que conviene reservar con unos días de antelación.
Fecha de publicación
20 de octubre de 2026
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