Hay una forma distinta de acercarse al patrimonio cordobés: salir de los recorridos más conocidos y seguir las huellas de quienes ocuparon este territorio hace siglos. Esta escapada une dos enclaves de la provincia con historias muy diferentes: el Palacio Imperial de Cercadillas, en Córdoba capital, y la Cueva del Cañaveralejo, en Adamuz. El primero habla del poder romano y de las transformaciones posteriores de la ciudad; la segunda conserva la memoria de comunidades prehistóricas en plena Sierra Morena.
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La primera parada está junto a la estación de tren de Cercadilla, en la avenida Vía Augusta. El yacimiento, actualmente cerrado al público, corresponde a un gran complejo palatino tardorromano construido entre los años 293 y 305, durante el gobierno de Maximiano Hercúleo. El emperador permaneció en Hispania entre los años 296 y 297, y este palacio funcionó como una de sus sedes. Sus dimensiones ayudan a entender la escala del proyecto: ocupaba más de ocho hectáreas, con una gran plaza de acceso y un espacio palatino organizado alrededor de un criptopórtico semicircular.
Aunque hoy no se puede recorrer, Cercadilla sigue siendo una pieza clave para leer la historia de Córdoba. El conjunto incluía aulas de representación, salas de audiencias, un triclinium, termas, un ninfeo y los apartamentos imperiales. Con el paso del tiempo, varias estancias se transformaron en un centro de culto cristiano y una necrópolis, posiblemente vinculada a la basílica de San Acisclo. Después llegaron las ocupaciones emiral y califal, además de usos industriales en el siglo XII. El yacimiento salió a la luz en 1991 durante las obras ferroviarias y una parte quedó cubierta por la estación. Su protección como Zona Arqueológica se aprobó en 1997.
Desde Córdoba, la ruta continúa hacia Adamuz, a unos cinco kilómetros del casco urbano en dirección a Obejo. En el margen derecho del arroyo del Cañaveralejo aparece una cavidad de origen kárstico cuya entrada queda bastante escondida entre la vegetación mediterránea. El interior se divide en un Vestíbulo iluminado por luz natural, una Galería Principal y una Galería Final, más recogida. El espacio conserva un microclima húmedo y fresco, con musgos, helechos y presencia de murciélagos, así que la visita requiere respetar especialmente las normas del lugar.
La cueva fue habitada durante el Neolítico, la Edad del Cobre y la Edad del Bronce, entre el VI y el III milenio antes de nuestra era, y también tuvo ocupaciones puntuales al final de la Edad del Hierro. Las excavaciones han recuperado cerámicas, útiles y restos de hogares, entre ellos una pequeña olla decorada y grandes platos de borde engrosado. Parte de estos materiales puede verse en el Museo Histórico Municipal de Adamuz, instalado en el antiguo Pósito de la calle Libertad, 3. Sus salas reúnen piezas relacionadas con la evolución geológica, la historia local y la Cueva del Cañaveralejo, incluida una recreación del hábitat de la cavidad.
La visita a la cueva es libre y autoguiada, dura unos 20 minutos y admite un máximo de 15 personas a la vez. Hay que llevar linterna, permanecer en las pasarelas y no tocar las paredes, las formaciones ni los restos. Entre el 1 de octubre y el 30 de abril, las llaves se solicitan en la Oficina de Turismo de Adamuz, de lunes a domingo, de 09:00 a 13:00. Del 1 de mayo al 30 de septiembre permanece cerrada para proteger la colonia de murciélagos. El museo abre de miércoles a domingo, de 09:00 a 13:00, contactando también con la Oficina de Turismo. Así, el recorrido queda planteado como una escapada de arqueología y paisaje: primero, la arquitectura imperial bajo la Córdoba contemporánea; después, una cueva que conserva rastros de las primeras comunidades asentadas en la sierra.
Fecha de publicación
29 de agosto de 2026
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