
Córdoba lleva siglos trabajando el metal, pero hasta hace unos días ese oficio se movía en un terreno distinto al del jamón o el aceite. La diferencia es que ahora la Joyería de Córdoba tiene el sello de Indicación Geográfica Protegida (IGP), y no es un detalle menor: es el primer producto artesanal o industrial de España que consigue esta protección, y uno de los veinticuatro primeros de toda Europa. Hasta ahora, cuando uno pensaba en una IGP, pensaba en comida —el jamón de Los Pedroches, el vino de Montilla-Moriles o el aceite de Priego—, pero el nuevo reglamento europeo permite que también entren joyas, cerámica, textiles o vidrio. El registro lo ha hecho la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO), y la protección es inmediata en todos los países de la Unión.
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Para entender qué significa esto en la práctica, conviene saber que una indicación geográfica no pertenece a una sola empresa, sino que la puede usar cualquier productor que cumpla las condiciones. En el caso cordobés, todas las fases de producción y el envasado tienen que realizarse dentro del término municipal y siguiendo los usos tradicionales. La tradición que se protege no es reciente: las técnicas de filigrana ya estaban documentadas en Córdoba durante el Califato, y más tarde los gremios de plateros consolidaron el oficio. Es decir, que el sello ampara un saber hacer que viene de largo, más de mil años atrás.
El acto de presentación se celebró en el Ayuntamiento, con los responsables de la Junta de Andalucía y de la Diputación Provincial. El presidente de la Asociación de Joyeros de Córdoba, Isidoro García-Escribano, habló de uno de los días más importantes del sector, y el alcalde, José María Bellido, subrayó el carácter pionero que tiene para España. La cifra que aportó el presidente de la Diputación, Salvador Fuentes, pone el tamaño del asunto: el sector reúne más de mil empresas y unos 15.000 empleos, con una producción que representa el 60 por ciento de la española. El delegado del Gobierno de la Junta, Adolfo Molina, resumió que con esta IGP no solo gana el sector, sino que gana Córdoba.
Lo interesante es que este paso abre la puerta a otros oficios tradicionales de la provincia. La alfarería y cerámica de La Rambla, que cuenta con una Zona de Interés Artesanal, figura entre las producciones andaluzas que la Junta considera candidatas a incorporarse al sistema europeo. Y en Montilla-Moriles, las tonelerías impulsan su propia IGP, un proyecto promovido por las empresas del sector, la Asociación de Empresarios de la Madera y el Mueble de Córdoba y el Ayuntamiento de Montilla; allí funcionan ocho tonelerías con unos 200 empleos directos, dedicadas a fabricar y restaurar las barricas vinculadas a los vinos de Montilla-Moriles y al envejecimiento de whiskies y otros destilados. Así que lo que empezó con las joyas puede acabar siendo una vía para proteger buena parte del artesanado cordobés.
Fecha de publicación
31 de julio de 2026