
Hay planes de fin de semana que no parecen mucho y acaban siendo lo más interesante del mes. Uno de ellos es acercarse a Adamuz, en la Sierra Morena Cordobesa, para entrar en la Cueva del Cañaveralejo, un yacimiento neolítico con pinturas rupestres que tiene algo muy especial: es la única cueva visitable que se sabe que estuvo habitada en toda esta sierra. Está a unos cinco kilómetros del casco urbano, en dirección a Obejo, y se llega por la A-3001 cogiendo un desvío a la derecha antes del kilómetro 5 y siguiendo un kilómetro de pista.
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La cueva es de origen kárstico, formada en calizas carboníferas de unos 300 millones de años. Su historia geológica se resume en etapas: hace unos 225.000 años se creó una cavidad subterránea; hace 140.000, un paleoarroyo cambió de dirección y se encajó en ella; hace 80.000 aumentó su tamaño y, hace unos 12.000 años, el arroyo dejó de actuar, y entonces se volvió habitable. La entrada es una abertura en la caliza de unos 15 metros de diámetro que da paso a una galería ascendente en tres escalonamientos.
Por dentro hay tres espacios bien diferenciados. Primero el Vestíbulo, un gran abrigo de sección ovalada iluminado con luz natural; después, superando un desnivel que hace las veces de pasillo inclinado, se llega a la Galería Principal; y al fondo queda la Galería Final, la zona más pequeña y oculta, formada por dos habitáculos casi semicirculares. Existe también una grieta llamada «Gatera» que da acceso a una zona más inexplorada. Un detalle importante: la cueva no tiene iluminación artificial, así que hay que llevar linterna.
En cuanto a quiénes la habitaron, las investigaciones sitúan la ocupación desde el Neolítico Medio, hacia finales del VI milenio a.C., hasta el Calcolítico, con presencia puntual también en la Edad del Cobre, la Edad del Bronce y, de forma discontinua, hasta el II milenio a.C. En las excavaciones se han recuperado más de 3.000 fragmentos cerámicos, huesos, herramientas de sílex y cuarcita y restos humanos, entre ellos una pequeña ollita decorada del VI milenio a.C. y platos grandes del III milenio. En 2024, la Universidad de Córdoba firmó un convenio con el Ayuntamiento para realizar un diagnóstico del estado de conservación y remontarse hasta las fases más antiguas del Neolítico, alrededor del 5.300 a.C.
La cueva es también hogar de fauna cavernícola: decenas de murciélagos, arácnidos, micromamíferos, pequeños carnívoros, aves y reptiles. Por eso mismo permanece cerrada del 1 de mayo al 30 de septiembre, durante la actividad de la colonia de murciélagos. Se puede visitar del 1 de octubre al 30 de abril pidiendo las llaves en la Oficina de Turismo de Adamuz, que atiende de lunes a domingo de 09:00 a 13:00. La visita es libre, autoguiada y gratuita, dura unos 20 minutos y cuenta con un panel interpretativo en la entrada. El primer tramo no es accesible para personas con movilidad reducida por los desniveles del sendero, aunque el interior sí lo es gracias a la pasarela. Está prohibido tocar las paredes, comer dentro, dejar basura o alterar la fauna y la flora, y no se puede entrar en la Gatera sin material de espeleología.
Fecha de publicación
22 de septiembre de 2026