
Si te apetece cenar algo distinto sin salirte del centro, el Restaurante Marrakech es una parada sencilla y sin pretensiones que cumple lo que promete. Está en la avenida Juan Carlos I, 62 bajo, en pleno Ceuta, y se especializa en cocina marroquí halal, así que es el sitio para quien busca sabores del Magreb en lugar de la carta habitual de tapeo.
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La carta se mueve por los clásicos que uno espera de una cocina marroquí: tajines de cordero con almendras, couscous con verduras y pasas, garbanzos, atún, huevos fritos y pescado. También hay bocadillos y hasta lasaña, para los que no se decidan por lo más típico, y para rematar, el pastel de almendras y el té de menta, que es casi obligatorio pedirlo. Lo que más sorprende es el precio: se mueve en un rango muy amplio, entre 1 y 10 euros por persona, así que da para ir a picar algo rápido o para sentarse a cenar con calma sin que la cuenta asuste.
El local acompaña la propuesta. La decoración es típicamente marroquí, con colores cálidos, mosaicos y detalles ornamentales que te transportan un poco más allá de la avenida, con mesas espaciosas, asientos cómodos e iluminación tenue que ayuda a que el sitio sea acogedor. Además, es accesible para sillas de ruedas y ofrece reservas para eventos, catering y comida a domicilio, que es un punto a favor si prefieres llevarte la cena a casa. El horario es amplio y cómodo: abre de lunes a sábado de 07:00 a 01:00 y los domingos de 08:00 a 00:00, así que sirve tanto para un desayuno tardío como para una cena larga.
En cuanto a lo que dice la gente, el restaurante acumula una valoración pública de 4,0 sobre 5 estrellas, con unas 380 reseñas repartidas entre Ceuta Turismo, Restaurant Guru y Google. Los comentarios positivos más habituales hablan de una "comida muy buena", un "ambiente bueno" y de unos "camareros muy amables", que es lo que suele decidir si uno repite o no. Entre las críticas más específicas aparecen tacos quemados y alguna pizza que no convenció, así que quizás conviene centrarse en los platos marroquíes, que son el fuerte del sitio, más que en las opciones más genéricas.
La ubicación ayuda a combinar la cena con un paseo. El restaurante queda cerca de puntos conocidos del centro: el Bar La Terraza de Menchu y la Cafetería El Buen Café están a un paso, y a poca distancia quedan el Museo de la Basílica Tardorromana, la estatua de Enrique el Navegante y la Playa de la Ribera. La escultura, por cierto, es obra del artista ceutí Ginés Serrán Pagán, mide tres metros, pesa 500 kilos y se inauguró en septiembre de 2006 en la Rotonda del Puente del Cristo. Y la playa, en la bahía sur, es urbana, de arena fina y aguas tranquilas, con Bandera Azul y servicios completos. Así que, si te quedas por la zona, Marrakech es una opción fácil para cenar algo distinto y seguir el paseo.