
Hay clubes de fútbol que se miden en puntos y otros que se miden en cosas muy distintas. El CF Tramontana, del barrio de La Mina en Castelldefels, es de los segundos. Lo fundó Toni Porto hace veinticinco años, en el 2000, con una idea sencilla: sacar a los chavales de la calle. Empezó con catorce niños después de dos años de papeleo y hoy el proyecto reúne a más de doscientos, con todas las categorías cubiertas. El objetivo nunca fue solo deportivo: se trata de dar educación a través del deporte, con valores y comunicación.
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La parte que más ruido está haciendo es la más reciente. Hace unos cuatro años, Porto decidió crear un equipo femenino formado por chicas de etnia gitana, y resultó ser el primer equipo federado de este tipo de toda Europa. Ese paso trajo consigo una cara amarga: fuera del barrio empezaron a llegar comentarios del tipo «tened cuidado con las niñas, con los bolsos, con los vestuarios», frases que hicieron daño tanto al equipo como al club. Para Porto, el éxito no está en los resultados, sino en que los niños estén cada vez más contentos. Cuenta una imagen que resume el espíritu del club: han venido niños a apuntarse con el dedo fuera del pie y les han comprado botas.
El equipo femenino lo entrena Miguel, que ve en el deporte hábitos que sirven más allá del césped y se imagina a las jugadoras triunfando en Primera División dentro de diez años. Entre ellas está María, que llega desde Santa Coloma, y otras que encuentran en el club confianza, responsabilidad e independencia; para ellas, estar con sus amigas y entrenar pesa más que ganar partidos o marcar goles. Judith, delegada del equipo, se encarga de la organización y del apoyo emocional, con el fútbol en la sangre porque su padre siempre estuvo dedicado a ello.
La Vanguardia ha puesto el foco en el día a día del equipo, que se entrena en el ZEM La Mina entre los niños del barrio. Desde septiembre las puertas se abrieron también a mujeres y niñas gitanas: empezaron siendo siete u ocho y hoy son unas quince, con la más pequeña de 15 años y la mayor de 38, casi todas del barrio y la mayoría gitanas. El equipo se sostiene con el bolsillo de sus integrantes, con cada ficha de jugadora en unos 130 euros, además de los desplazamientos y los arbitrajes. La Federació Catalana reconoció el trabajo con un premio por usar el fútbol como motor de transformación del barrio.
En el equipo conviven perfiles muy distintos: Emilia Moreno, 'Emi', de 17 años, y las gemelas Alejandra y Claudia Martín, de 19, que no son gitanas, se integraron en el grupo. Eli Narvalaz, de 38 años, es la más veterana, empezó a jugar a los 17 y hoy es entrenadora y jugadora a la vez. María José Jiménez, presidenta de la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad, explica que las mujeres gitanas se topan con barreras de antigitanismo y sexismo que se cruzan, y que los obstáculos económicos son el mayor impedimento. La buena noticia para el barrio es que el proyecto sigue creciendo: para el año que viene está previsto montar dos equipos de niñas.
Fecha de publicación
24 de agosto de 2026
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