
El Castillo de Castelldefels ha vuelto a dar para hablar, y esta vez no por sus muros medievales. Una excavación arqueológica en torno a la fortaleza ha sacado a la luz una tumba de época romana con los restos de una persona adulta, un hallazgo que añade una página nueva a lo que se sabía sobre quiénes pisaron esta colina mucho antes de que se levantara la fortificación medieval y la iglesia románica que hoy la coronan.
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Para situarse: hace cerca de dos mil años, en la parte más alta de la colina, funcionaba una villa romana, una explotación rural que estuvo activa durante varios siglos y que se construyó sobre los restos de un poblado ibérico anterior. Sus habitantes se dedicaban sobre todo a tareas agrícolas y ganaderas, con cultivos que probablemente incluían el viñedo y la cría de animales, y donde convivían personas libres y esclavas. La tumba corresponde a una persona adulta de identidad desconocida, enterrada sin ajuar funerario y orientada hacia el este, en dirección al sol; esa disposición podría apuntar a una creencia de tipo solar de origen oriental, distinta de la religión romana tradicional.
El hallazgo encaja cronológicamente con dos de los personajes romanos mejor documentados de Castelldefels: Gay Trocina Synecdémo y Valeria Haliné, cuyos nombres se conservan en una lápida funeraria que hoy está en la iglesia del Castell. En ella, Valeria dedica unas palabras a su esposo, Cayo Trocina Synecdémo, al que describe como un «marido óptimo». Los especialistas sitúan la vida de esa pareja entre la segunda mitad del siglo I y los inicios del siglo II d.C., y se cree que la villa romana perteneció precisamente a Trocina Synecdémo.
La intervención la dirige el arqueólogo Pere Lluís Artigues, con financiación del Ayuntamiento de Castelldefels y a iniciativa del Grup de Recerques Històriques de Castelldefels (GREHIC), que también participa en los trabajos y colaborará en el estudio de los materiales y restos localizados. Es un buen recordatorio de que debajo de lo que vemos hay capas mucho más antiguas.
El propio castillo da para mucho más que una tumba. Se alza sobre una colina de 59 metros al noreste del centro, con vistas a la costa y al delta del Llobregat, y es Bien Cultural de Interés Nacional desde 1988. El complejo reúne la torre del homenaje, una iglesia del siglo X reconstruida en el XII y fortificada en los siglos XIV y XV, dependencias asociadas y un cementerio dentro de un muro cortina. La iglesia de Santa María es el espacio que conserva los restos más antiguos, con muros de época ibérica, romana, medieval, moderna y contemporánea. La torre del homenaje combina piedra arenisca roja traída de Begas en su parte oriental y mampostería revestida de yeso beige en la occidental, más voluminosa.
La historia del edificio es una sucesión de transformaciones: se levantó en el siglo X sobre aquel poblado íbero y la villa romana, se amplió en el XIV para reforzar su función defensiva y, en 1550, se restauró para defender la costa de las incursiones de corsarios berberiscos. A partir del siglo XVII pasó a ser residencia señorial, entró en decadencia en el siglo XIX y fue restaurado en 1897 por el banquero Manuel Girona, que encargó la obra al arquitecto Enric Sagnier. Durante la Guerra Civil fue centro de reclutamiento e instrucción militar entre 1937 y 1939, y el Ayuntamiento lo compró en 1988.
Hoy funciona como complejo lúdico y cultural: hay visitas guiadas, actividades educativas, eventos y la atracción interactiva «Piratia», recomendada a partir de los 6 años. La visita completa con audioguía cuesta 10 euros, con reducida de 7 para mayores de 65 y grupos de más de diez personas, y 6 para jóvenes de 6 a 17 años; la guiada sube a 12 euros. Los menores de 5 entran gratis. Hay que consultar horarios en la web del monumento.
Fecha de publicación
26 de julio de 2026
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