
Hay torres que pasan desapercibidas hasta que alguien les devuelve el blanco. La Torre del Negro, en El Algar, es una de ellas. Levantada en 1585 por orden de Felipe II, dentro de aquella muralla costera que el ingeniero Juan Bautista Antonelli y el arquitecto Vespasiano Gonzaga trazaron desde Perpiñán hasta Cádiz, ha recuperado su aspecto original tras una primera fase de consolidación. Queda junto a la N-332, en el término municipal de Cartagena, muy cerca de Los Urrutias y del Mar Menor, que en aquel momento estaba a apenas cien metros de sus muros.
Cada semana elegimos 🏆 los 5 mejores 🏆 planes de Cartagena y te los enviamos. Solo un email semanal, sin spam.
Al enviar tu correo, aceptas nuestra Política de Privacidad
Su historia da para bastante. Al principio se la conoció como Torre de Arraez, quizá por el corsario Morato Arraez, y acabó llamándose del Negro por un esclavo liberado de galeras que trabajó en ella. Es una torre vigía rural de catorce metros y dos plantas, adosada a una vivienda particular que hoy amenaza ruina y que se usó para guardar aperos de labranza y ganado. En la terraza, accesible por una escalera de caracol, se instalaban los cañones; si aparecía el peligro, se hacían ahumadas de día y fogatas de noche. Eran vitales para repoblar la zona frente a las incursiones de los corsarios berberiscos que llegaban desde Argel y capturaban cristianos para canjearlos; los hermanos mercedarios, con casa en Cartagena y en Argel, se encargaban de los rescates.
El abandono fue largo. En 2014 Hispania Nostra la incluyó en su Lista Roja del Patrimonio, y en 2006 el Ayuntamiento de Cartagena rechazó una moción para restaurarla. Declarada Bien de Interés Cultural en 1949, sigue siendo de propiedad privada pero es visitable. La intervención reciente, financiada a medias por la CARM con 68.757,14 euros, se centró en lo urgente: tratar grietas y lagunas de los muros de carga, recuperar el revoco blanco de las fachadas, habilitar una accesibilidad básica en planta baja e interior, rehacer el forjado tradicional de vigas de madera, restaurar las almenas y reconstruir la cubierta transitable. Los paramentos exteriores acaban ahora con un revoco liso de cal lavado en blanco, que es como se veía originalmente.
No es el final del trabajo. Esta fase es la base de una futura restauración integral y puesta en valor que Pedro Enrique Collado Espejo presentará en las XXXII Jornadas de Patrimonio Cultural de la Región de Murcia, en octubre, en la UPCT. Antes, entre 2018 y 2019, el Grupo de Investigación TAG de la misma universidad ya había realizado el estudio histórico-cultural, constructivo y el levantamiento gráfico con modelos digitales en 3D. La torre, que ha pasado décadas casi invisible, vuelve a ser un punto en el que detenerse mientras se recorre la costa del Mar Menor, una albufera semicircular separada del Mediterráneo por La Manga, con sus islas volcánicas en la zona sur y su condición de humedal protegido. A unos pasos queda también la Torre del Rame, otra vigía del siglo XVI que completa el paisaje histórico de este tramo de costa.
Fecha de publicación
5 de septiembre de 2026