
Hay sitios que se ganan un hueco en la mesa sin hacer mucho ruido, y La Trilla es uno de ellos. Está en la Plaza del Rey, justo a la salida del puerto de Cartagena, y se ha convertido en un punto de encuentro tanto para quien anda de paso como para quien vive aquí y busca comer bien. Al frente están Paula y Herminio, que llevan el local con un trato cercano y sofisticado, y que ya han puesto la vista en expandirse a otros lugares.
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Lo primero que notas es que la carta no se queda en un solo sitio. Ellos mismos la describen como de «variedad culinaria» o «carta viajada», y eso se nota en cómo conviven platos muy distintos. Para empezar, hay una buena selección de entrantes fríos: el falso ceviche de berberechos (18 €), el carpaccio de quisquilla de Santa Pola con esferas cítricas (18 €), la hueva de mújol y lingote de mar en aceite con almendras tostadas (16 €) o el tomate Cherokee Purple con bonito, anchoas y piparras (16 €). Si prefieres algo caliente, los torreznos de Soria «Los auténticos» (12 €), las patatas bravas de la casa (8 €) o la zamburriña a la brasa con perlas de trufa blanca (5 €) son buenas opciones para abrir boca.
Los arroces son, probablemente, lo más reconocido del restaurante y se piden para un mínimo de dos personas, con precios por persona que rondan los 18 o 19 euros. Hay para todos los gustos: arroz de marisco, arroz negro con calamares, arroz de zamburriñas y cigalas, fideuá con gamba roja o el caldero del mar menor. En la sección de carnes, el producto es protagonista: el entrecot Angus nacional bellota dry aged, medalla de plata en el World Aetel 2024, cuesta 38 euros; la picaña de Wagyu nacional de Santa Rosalía (275 gr) sale por 35 euros; y el secreto de Angus americano, 25 euros. Del pescado, la parpatana a la brasa —el entrecot del mar— es uno de los platos que más repiten los clientes, junto al bacalao sobre cama de tomate casero, cebolla caramelizada y chip de banana (18 €).
Para los más pequeños hay platos sencillos como lágrimas de pollo con patatas fritas (10 €) o huevos fritos con patatas (8 €), y para cerrar, una carta de postres con la tarta de queso de la casa sin gluten (7 €), el coulant de chocolate con explosión de Ferrero Rocher y helado de chocolate blanco (6,50 €) o la torrija cremosa de pan brioche con helado de vainilla (7 €). Quien no quiera elegir a la carta tiene un menú diario completo por 28,50 euros, una opción cómoda para el día a día.
Más allá de la comida, el local se lleva su parte del mérito. La decoración está cuidada y el servicio es personalizado, lo que lo convierte en una dirección habitual para una cena en pareja. Si vas con niños, los platos infantiles y los croquetones de 5,50 euros —de gamba roja y carabinero, jamón ibérico, carrillera con reducción de Pedro Ximénez o boletus edulis con trufa negra— ayudan a que todos estén contentos. La dirección exacta es Plaza San Francisco, 15, y las reservas se gestionan en el 616 40 11 93, así que conviene avisar antes de ir.