
Si estas vacaciones el plan es huir de las playas más concurridas, el tramo entre La Manga y Cabo de Palos guarda varias calas que no aparecen en los folletos habituales. La Manga es esa lengua de tierra que une el cabo con San Pedro del Pinatar y deja el Mar Menor a un lado y el Mediterráneo al otro, y justo ahí, entre los dos mares, se esconden estos rincones.
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Empezamos por Cala Reona, en el extremo suroeste de Cabo de Palos, entre el pueblo y el Parque Regional de Calblanque. Son unos 200 metros de arena fina y dorada con un fondo de canto rodado negro, fruto de la erosión de las montañas de pizarra. El agua está limpia y apta para el snorkel, aunque en verano se llena, así que conviene ir a primera hora. Tiene agua potable, aseos, duchas, contenedores y un chiringuito que abre en temporada; el punto de primeros auxilios atiende de mediados de junio a mediados de septiembre, de 11:00 a 20:00. No es apta para personas con movilidad reducida.
Un poco más hacia el centro queda Cala Flores, resguardada entre acantilados, con unos 130 metros de arena, grava y piedra. Sus aguas son extremadamente claras y tranquilas, ideales para el snorkel y el buceo. Se accede por escaleras desde la Plaza Cala Flores, por lo que tampoco es accesible para personas con movilidad reducida, y no hay instalaciones ni comercios en la propia playa, aunque los servicios del puerto deportivo quedan a pocos minutos en coche. Se llena con facilidad en los días centrales del verano.
En pleno centro de La Manga, orientada al Mar Menor, está la Cala del Pino, con arena fina y dorada y una zona arbolada que da sombra natural. Es una cala resguardada, de aguas tranquilas y poco profundas, apta para el baño en familia, con una pinada para descansar o comer. Aquí sí hay servicios completos: agua potable, aseos, duchas, chiringuitos, restaurantes, wifi gratuito y zona de juegos para niños. Es una de las imágenes más reconocibles de La Manga y se llena mucho, sobre todo los fines de semana de julio y agosto.
Justo debajo del faro está Cala Fría, una pequeña entrada del Mediterráneo de arena dorada y grava, rodeada de rocas y acantilados. Su nombre viene de las corrientes frías que afloran desde el fondo y enriquecen el agua con nutrientes y fauna marina; en verano ronda los 26 °C. Es una playa abierta, con oleaje moderado a fuerte, para nadadores experimentados y aficionados al snorkel. No tiene chiringuito, socorrista, duchas ni aseos, y el acceso en coche es difícil y pide calzado de senderismo, aunque hay un aparcamiento gratuito junto a la orilla. Conviene ir antes de las 10:00 o a partir de las 18:00.
Entre la Playa de Levante y el faro se esconde la Cala del Pato, también conocida como Cala de la Galera, una cala rocosa y minúscula que debe su nombre a una formación que recuerda a un pato zambulléndose. Se accede desde el Paseo de Levante por unas escaleras de piedra y las rocas crean una zona de baño resguardada con fondo de arena, roca y vegetación marina, buena para iniciarse en el snorkel. Forma parte de la Reserva Marina de Cabo de Palos e Islas Hormigas, creada en 1995, y en su entorno se practica paddle surf.
Y ya dentro del Parque Regional de Calblanque, más allá de Cala Reona, está Cala Dorada, también llamada de los Dentoles o de los Dentones. Es pequeña, recogida y de ambiente naturista, con unos 50 metros de arena dorada y paisaje virgen. Se llega a pie por senderos costeros: 2,2 kilómetros desde Cala Reona o 600 metros desde el aparcamiento de Cala Magre. No tiene servicios, vigilancia ni sombra, así que hay que llevar agua, protección solar y calzado adecuado, y los residuos se devuelven. La protegen dos puntas rocosas, Punta Espada y Punta Negra, y desde el mirador de esta última se tiene una de las mejores panorámicas de la zona.
Fecha de publicación
5 de agosto de 2026