
Hay sitios que pasan décadas cerrados y uno acaba olvidando que existen. La Batería de San Leandro, en Cartagena, es uno de ellos: una fortificación declarada Bien de Interés Cultural que vuelve a abrir sus puertas tras 130 años cerrada, como parte de un plan cultural y patrimonial junto al mar. Está en el arranque del dique de la Curra, al que se accede por la carretera de servicios portuarios, y desde ahí domina visualmente toda la bocana de entrada al puerto.
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Su historia da para mucho. Se construyó a finales del siglo XVIII y en 1766 estaba artillada con seis piezas, que llegaron a trece en 1741. A finales del XIX, con la invención de la pólvora sin humo, adquirió la imagen que conserva y fue acasamatada en 1895; en 1912 contaba con tres cañones de hierro de 24 centímetros. El episodio más oscuro llegó el 7 de marzo de 1939, durante la sublevación de Cartagena, cuando la batería participó en el hundimiento del transporte militar Castillo de Olite, la mayor tragedia naval de la historia de la Marina de Cartagena en un solo barco, con casi 1.500 fallecidos. En 1942 fue desartillada y sus piezas se guardaron en el parque móvil, y el 27 de mayo de 1970 pasó a ser propiedad del Ayuntamiento, aunque se mantuvo desatendida y víctima del vandalismo hasta esta restauración.
La obra civil del monumento ya está concluida y recepcionada. A 10 de agosto de 2026 los trabajos se centraban en el perímetro exterior —accesos y sistemas de control de entrada— y en el centro de transformación para dotar de electricidad al conjunto. La inversión total fue de 1,1 millones de euros, de los que 950.000 procedían de fondos europeos. Durante las obras se recuperaron pavimentos originales de cemento Portland, muestra de la segunda Revolución Industrial, parte del muro original de cerramiento militar con cerrajería original, canalizaciones, lucernarios que los militares habían sellado y vestigios de los sistemas de ventilación e iluminación, con doble cámara, luz natural y chimeneas. También se recuperó la Casamata 1, que estaba muy deteriorada, y se registraron cañones, sistemas de ventilación, desagüe, electricidad e instalaciones telefónicas.
Lo que se ve por dentro son tres casamatas —bóvedas muy resistentes, a prueba de bombas— hechas de hormigón, donde se albergaban los cañones de hierro de 24 centímetros que dominaban la entrada al puerto. Estas casamatas se añadieron a finales del siglo XIX, en 1895, y todos sus elementos quedaban enterrados y protegidos por bóvedas a prueba, a base de hormigón. Técnicamente, es una fortificación del siglo XVIII con una cota de 4 metros, ubicada en el Plano 2, número 26. La reforma de 1890 y la posterior intervención en San Leandro fueron obra del arquitecto Francisco de Paula Ramos Bascuñana (1845-1917), ingeniero militar español que organizó los sistemas de defensa de la plaza y participó en la Junta de Saneamiento de Cartagena.
La reapertura no es un hecho aislado: la batería se integra en la estrategia de recuperación del patrimonio defensivo de Cartagena, junto al Fuerte de Navidad y otras baterías de la fachada marítima, dentro del proyecto 'De Faro a Faro' y la marca turística 'Cartagena Puerto de Culturas'. Forma parte además de la candidatura transnacional a Patrimonio Mundial de la Humanidad, junto al vial del Espalmador, el Monte de Galeras, los túneles de los submarinos y el cuartel de Fajardo. El Ministerio de Cultura ha lanzado un plan director para las 29 baterías.
Fecha de publicación
19 de agosto de 2026
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