
Calvià tiene una cara que no sale en las postales de playa. El municipio forma parte de la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2011, y esconde 100 kilómetros de rutas pensadas para el senderismo y otros 150 para ciclistas, con 2.500 habitantes viviendo en el interior. Si quieres cambiar la arena por la montaña, aquí hay por dónde empezar.
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Para quien no tiene costumbre, las rutas familiares son el punto de entrada. Calvià y Es Capdellà son 9 kilómetros y unas tres horas a dificultad baja, con calles históricas y una iglesia levantada sobre una antigua granja musulmana que solo se puede ver en horario de servicios religiosos o los lunes, día del mercado semanal. Cala Fornells son 7,5 kilómetros también fáciles, entre pinos hasta el Cap Andritxol y su torre, con vistas a Camp de Mar y al Cap de Llamp. Un paso más arriba están las de nivel medio: la Finca Pública de Galatzó, 9 kilómetros entre bosques, torrentes y cultivos tradicionales que terminan en el mirador de Ses Sínies, con el Puig de Galatzó y la Serra de Na Burguesa delante; y la De Peguera a Galatzó, 18 kilómetros entre almendros, algarrobos, bosques de pino y zonas arqueológicas. Y para los expertos, la Ses Sínies – Mola de s'Esclop, con desniveles importantes, bosques, cultivos tradicionales y las formaciones rocosas típicas de la Tramuntana.
De esa lista, la Finca Pública de Galatzó merece un capítulo aparte. Son 1.400 hectáreas al norte de Calvià, dentro de la red Natura 2000, con acceso gratuito y aparcamiento, y la primavera y el otoño son sus mejores estaciones. Allí hay almendros centenarios, mesas al aire libre para picar coca, pan tumaca, embutidos, tortilla, empanadas, quiché y cremadillos, un patio, capilla, escuelas, talleres de artesanos y jardines de estilo inglés y francés con un estanque donde se ven la tortuga mora y la rana endémica de la isla. La finca organiza ocho itinerarios: Ses Sínies (6,7 km ida y vuelta) hasta el yacimiento arqueológico; Ses Planes (7,6 km), un camino de piedra en seco que une las casas de posesión con la antigua zona de explotación agrícola; S'Esclop (13,9 km) hasta la cima de la muela de s'Esclop, a 926 metros; Sa Vinya, más de 8 kilómetros muy bien señalizada y apta para todos los públicos; el Puig de Galatzó, con 1.027 metros y la ruta más larga y con más desnivel, no recomendada para principiantes; Comellar des Voltor (10,5 km), variante de s'Esclop; Sa Font Nova (6,3 km), antiguo camino de la gente de Galilea que conecta con Puigpunyent; y la variante «B» del GR-221, 16 kilómetros desde el Puerto de Andratx hacia Pollença. Entre un sendero y otro aparecen el edificio principal, el horno de cal, la zona de picnic, las antiguas terrazas de cultivo y las chozas de carboneros. Y hay leyenda: se dice que el Conde Mal, al morir, aparecía montado en un caballo verde que escupía llamas por la boca, una historia ligada a Ramon Burguès-Zaforteza, segundo Conde de Santa María de Formiguera y señor de las antiguas caballerías de la zona.
Si te quedas con ganas de más Tramuntana, la sierra sigue con pueblos como Deià, con sus calles empedradas y galerías de arte; Fornalutx, considerado uno de los más bonitos de España; Banyalbufar y sus terrazas que bajan al mar; Lloseta, con su Cardenal y la Ermita de Son Cocò; Galilea, con su mercado semanal y su bar panorámico; o Petra, con la casa-museo de Juníper Serra. Y para el final del día, miradores como el de Ses Ànimes o la icónica roca perforada de Sa Foradada al atardecer. Para las rutas largas, lo básico: calzado cómodo para terreno irregular, gorra, protector solar y suficiente agua y comida ligera. Y después, una playa tranquila o algo de gastronomía local en Calvià pueblo.
Fecha de publicación
15 de septiembre de 2026
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