
Trujillo es una parada obvia en el mapa extremeño, pero lo interesante está en lo que hay alrededor. A menos de media hora en coche se esconde una constelación de pueblos y rincones que funcionan como escapadas rápidas para cambiar de paisaje sin apenas moverse. Aquí hay nueve opciones para quien quiera estirar la visita más allá de la villa monumental.
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El más cercano es Santa Cruz de la Sierra, a unos quince minutos, donde la Ruta del Risco Grande —unos seis kilómetros— sube hasta el pico de San Gregorio, con sus 844 metros y vistas sobre las llanuras que rodean Trujillo. A la misma distancia está Madroñera, con su iglesia barroca popular dedicada a la Purísima Concepción, la Casa Palacio de los Santa Cruz y la Mona del Rollo, una picota del siglo XVI; desde aquí sale la Ruta de las Rapaces, que enlaza con Garciaz, Herguijuela y Conquista de la Sierra. La Cumbre, también a quince minutos, es un pueblo de 902 habitantes enclavado entre la dehesa y las estribaciones que separan Trujillo de Montánchez, con rutas de senderismo por el campo y visitas a bodegas y almazaras locales.
Para los aficionados a las aves, Santa Marta de Magasca, a media hora aproximadamente, es el sitio: sus grandes extensiones abiertas son terreno de avutardas, sisones y aguiluchos, especialmente al amanecer y al atardecer en los meses calurosos, dentro de la ZEPA de Magasca, espacio protegido de la Red Natura 2000. Ibahernando, a unos veinte minutos, es puro arqueología: su historia se remonta al Bronce Final, hace unos 2.800 años, y ha aportado muchas inscripciones romanas al Museo de Cáceres, incluido un enorme contrapeso cilíndrico de un lagar oleario tardorromano; conserva además restos cristianos primitivos, como la basílica altomedieval de Magasquilla de los Donaire, consagrada hacia abril del 635. Conquista de la Sierra, antigua La Zarza, guarda un palacio vinculado a los Pizarro y es donde se busca el rastro del poeta Manuel Gómez Sánchez, fusilado casi noventa años atrás; el título de Marqués de la Conquista se concedió originalmente en 1537 a Francisco Pizarro.
El resto completa el círculo: Herguijuela, históricamente ligada a Trujillo y a la familia Pizarro, conecta con la Ruta de las Rapaces; Torrecillas de la Tiesa, a unos veinticinco minutos, por sus carreteras secundarias y paisaje extremeño; y un grupo de destinos más pequeños como Belén, Huertas de Ánimas, Huertas de la Magdalena, Pago de San Clemente y Aldea del Obispo.
Si lo que buscas es actividad, el Risco Grande se recorre en unas tres horas con dificultad media-baja y culmina en el pico de San Gregorio, con restos de poblados prerromanos, necrópolis árabes y un castillo musulmán con aljibe. En Santa Marta de Magasca, la Dehesa Boyal es un circular de 2,5 kilómetros que se hace en hora y cuarto, y la Ruta Ornitológica los Llanos es ideal en primavera para observar aguilucho cenizo, avutarda, ganga ortega, sisón, ganga ibérica, chorlito dorado, esmerejón, águila imperial y milano real. En La Cumbre, las rutas por la dehesa van de seis a catorce kilómetros con acceso libre. En verano, Trujillo suma además cerca de diez playas de interior y piscinas naturales para combatir las altas temperaturas.
Fecha de publicación
13 de agosto de 2026