
Hay pueblos que parecen haber quedado en pausa, y Pineda de la Sierra es uno de ellos. Con menos de noventa habitantes, este pequeño municipio de la alta montaña burgalesa se asienta entre las dos cumbres más altas de la provincia, el Pico San Millán y el Pico Torruco, ambos por encima de los 2.000 metros y pertenecientes a la Sierra de la Demanda. El río Arlanzón lo atraviesa y lo rodea un marco de bosques autóctonos de pino, roble y haya, con las cumbres de la Sierra de Mencilla como telón de fondo. Queda a unos 50 kilómetros de Burgos, accesible por la carretera BU-820.
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Lo primero que se nota al pasear por sus calles son las casonas ganaderas, levantadas con sillares de arenisca rojiza y con chimeneas troncocónicas encestadas que delatan su pasado como centro de la ganadería trashumante; muchas datan de los siglos XVII y XVIII. La joya del pueblo es la Iglesia de San Esteban Protomártir, declarada Bien de Interés Cultural en 1983. De su fábrica románica del siglo XII conserva el ábside semicircular, parte de los muros y una galería porticada adosada al lado meridional. La portada principal, contemporánea a la cabecera, reúne una rica decoración escultórica con arquivoltas molduradas y capiteles donde conviven grifos, arpías, centauros, la Adoración de los Magos y escenas de la vida de San Nicolás. El conjunto se completa con la ermita del Santísimo Cristo, la de San Pedro, la iglesia de Santa Juliana en la periferia, la Plaza Mayor y el puente sobre el Arlanzón.
La historia del pueblo tiene capítulos curiosos. Gozó de tutela regia confirmada por los fueros de Alfonso VII en 1136 y formó parte de la Intendencia de Burgos entre 1785 y 1833. Su economía se apoyó durante siglos en la ganadería ovina y bovina, la silvicultura y, más recientemente, en el turismo rural, sin olvidar un importante pasado minero. De hecho, fue gracias a la construcción del ferrocarril minero de principios del siglo XX que se descubrieron los yacimientos de Atapuerca.
Para quien va con ganas de moverse, el entorno es el verdadero protagonista. La Vía Verde de la Sierra de la Demanda, una antigua línea férrea minera reconvertida en sendero de 54,41 kilómetros, une Arlanzón con Monterrubio de la Demanda pasando por Pineda en el kilómetro 23, un punto cómodo para avituallarse o pernoctar. El itinerario, ideal para ciclistas y caminantes, discurre por bosques de pinos, hayas y robles dentro de la Red Natura 2.000, con restos de antiguas minas y del propio ferrocarril a lo largo del camino. También existe el Sendero GR-82, cuya etapa 12 enlaza Barbadillo de los Herreros con Pineda.
Y si apetece cumbre, desde aquí sale la ruta más corta y sencilla para subir al Pico San Millán, los 2.131 metros más altos de la provincia: unos 18 kilómetros con 925 metros de desnivel positivo, calculados en seis horas y de dificultad fácil. La montaña muestra dos caras: una vertiente norte alpina, con dentelladas glaciares y una laguna glaciar, y una vertiente sur de laderas suaves que descienden hacia el valle del Arlanzón. Es una escapada redonda para quien busque combinar piedra románica, historia minera y alta montaña sin alejarse demasiado de Burgos.
Fecha de publicación
24 de agosto de 2026