
Si buscas una escapada de naturaleza que no exija gran esfuerzo físico, hay una ruta en la provincia de Burgos que encaja justo: La Yecla, en el Espacio Natural de los Sabinares del Arlanza. Lo más llamativo son sus pasarelas metálicas suspendidas sobre el arroyo Mataviejas, que se adentran en la garganta de roca caliza del Desfiladero de la Yecla, con paredes de piedra caliza por encima y buitres leonados como vecinos habituales. Es apta para todo tipo de públicos y niveles, y por el camino se cruzan paisajes montañosos, cascadas y vegetación exuberante.
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Los datos técnicos son sencillos: unos 2,5 kilómetros en total, con 85 metros de subida y otros 85 de bajada, y cotas que oscilan entre los 1.016 y los 922 metros. El sendero suele estar húmedo, y la marcha activa ronda la hora, así que es una ruta que se puede hacer sin prisa. Como punto de partida se puede elegir Santo Domingo de Silos, donde el monasterio románico y su claustro son visita opcional con un suplemento de 8 euros; otra alternativa cercana es seguir el curso del río entre Castroceniza y Ura, rodeado de sabinas centenarias.
Para quien quiera alargar la jornada, la comarca de Las Merindades guarda otra propuesta con pasarelas: el Ebro Escondido, dentro del Parque Natural Hoz del Alto Ebro y Rudrón. Es una ruta más ambiciosa que recorre tres valles —Valdivielso, Manzanedo y Zamanzas— entre las sierras de Tudanca y de la Tesla, y que completa con tranquilidad en tres o cuatro días, aunque se pueden combinar dos valles en una sola jornada. En el Valle de Valdivielso, la Ruta de las Pasarelas se adentra en el Desfiladero de los Hocinos: unos 7 kilómetros ida y vuelta, aproximadamente una hora y media, con pasarelas suspendidas sobre las aguas del Ebro. Por el camino aparecen Valdenoceda y su Torre de los Fernández Velasco, Quintana de Valdivielso con la Torre de Loja, la más importante del valle, y la ermita románica de San Pedro de Tejada. La ruta termina en el Desfiladero de la Horadada, excavado en el punto de unión de los ríos Oca y Ebro, cerca de Trespaderne.
El Valle de Manzanedo aporta el legado románico, con pueblos como Arreba, Crespos y San Miguel de Cornezuelo, y el mirador de Vallejo, tras Cidad de Ebro, con vistas al cañón. Allí se esconde el eremitorio de San Pedro de Argés, un pequeño templo rupestre excavado en roca arenisca a unos treinta metros sobre el río, al que se accede por un sendero entre Incinillas y Valle de Manzanedo. Y el Valle de Zamanzas, el más desconocido, arranca en la aldea de Ailanes, con menos de treinta habitantes, y sigue por el Desfiladero de los Tornos hasta Tudanca de Ebro, con el puente medieval de Villanueva-Rampalay y las casonas de sillería de Gallejones de Zamanzas. Entre las dos opciones, La Yecla es la más accesible para una escapada rápida y sin complicaciones.
Fecha de publicación
28 de octubre de 2026
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