
Bilbao tiene esa capacidad de sorprendernos cuando pensamos que ya lo hemos visto todo. Más allá de los puntos turísticos de siempre, existen rincones que parecen sacados de otras latitudes, como el Callejón Zollo en San Mamés Zumarkalea nº 11. Este patio interior, con sus paredes blancas y puertas azules, recuerda inevitablemente a la estética de Santorini. Es un lugar con historia, donde todavía se ven los surcos de los carromatos que abastecían a la antigua Alhóndiga. Hoy es un refugio creativo que acoge el taller de marcos Molcris, la galería de arte Aire y una tienda de ropa de segunda mano. Es un rincón perfecto para quienes buscan una estética diferente sin salir de Indautxu.
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Si lo que buscas es cambiar de perspectiva, el Funicular de Artxanda sigue siendo la mejor opción desde 1915. El trayecto de tres minutos desde la Plaza del Funicular te deja en la cima, donde además de las vistas, puedes ver la escultura La Huella o el engranaje original del primer sistema. Para un ambiente más urbano pero igualmente singular, el Barrio de Irala destaca por sus casas de colores al estilo inglés, ganándose el apodo del "Notting Hill bilbaíno". Por otro lado, el Muelle de Marzana ofrece ese aire alternativo frente al Teatro Arriaga que muchos comparan con el Soho, ideal para pasear con calma un sábado como hoy.
La historia de la villa también se esconde en detalles como el Palacio Yohn, conocido como La Bolsa, en el Casco Viejo. Existe una leyenda sobre un túnel secreto que conectaba el edificio con la ría para el contrabando de vino durante la ley seca de 1908; dicen que la bóveda aún se intuye cuando baja la marea. Cerca de allí, el Mercado de la Ribera mantiene su esencia desde 1929. Aunque es famoso por ser uno de los mercados cubiertos más completos, visitarlo un día cualquiera permite disfrutar de su arquitectura de Pedro Ispizua y de espacios como la Gastro-Plaza, donde conviven puestos tradicionales con locales como La Bodeguilla o Casa Loren.
Para terminar el recorrido con algo de tranquilidad, el Parque de Doña Casilda ofrece sus bancos de hierro forjado y su estanque, un diseño de Ricardo de Bastida que se mantiene como un pulmón clásico desde 1907. Si prefieres algo más industrial, la zona exterior del Itsasmuseum es de acceso gratuito y permite ver de cerca la grúa Carola y el Dique 1 de 1868. Incluso hay una terraza algo escondida con vistas a los barcos del puerto que es perfecta para leer un rato. Otros puntos curiosos incluyen el monumento a Marx y Lenin en Otxarkoaga o el mensaje "SOÑAR" que decora la fachada del barrio de Olabeaga, recordándonos que siempre hay un detalle nuevo por descubrir en las calles que recorremos a diario.
Fecha de publicación
16 de mayo de 2026
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