
Si te apetece un plan tranquilo por Bilbao estos días, la ciudad tiene un par de cosas en los museos que están bastante bien para ver con calma. Ahora mismo coincide que el Museo Guggenheim y el Bellas Artes tienen propuestas que mezclan lo tecnológico con lo más clásico, y si te organizas bien, te da tiempo a ver lo más importante en una tarde o un par de mañanas.
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En el Guggenheim, la parada obligatoria es la instalación de Mark Leckey, que se titula Y la ciudad se alzaba en todo su esplendor. Está dentro de un ciclo nuevo que llaman 'in situ', donde los artistas crean algo pensado exclusivamente para la sala 208. Leckey se ha inspirado en un cuadro medieval de 1424, Ciudad junto al mar de Sassetta, pero lo ha traído totalmente a nuestro terreno. Es una especie de escenografía teatral que usa un bucle de seis minutos donde el sonido, la imagen y la luz te envuelven por completo.
Lo curioso de esta pieza es cómo juega con la memoria. El artista creció cerca de Liverpool en los 70 y 80, viendo cómo cerraban las fábricas y cómo la televisión empezaba a llenarlo todo. En la sala, verás una escultura que parece una ciudad fortificada, pero que va cambiando según la iluminación, que pasa del amanecer al crepúsculo. Hay un momento central con un efecto estroboscópico bastante intenso que hace que la estructura parezca casi un fantasma digital. Es una reflexión sobre cómo la tecnología y lo digital están transformando los sitios donde vivimos, y la verdad es que la atmósfera que crea es muy particular. Estará disponible hasta el 12 de abril, así que todavía tienes margen.
Por otro lado, si cruzas al Museo de Bellas Artes, tienes que darte prisa con la exposición de Georg Baselitz, Algo en todo. Solo queda esta semana para verla, ya que termina el domingo 1 de marzo. Baselitz es uno de esos pintores que decidió pintar sus cuadros del revés para que nos fijáramos más en la pintura en sí que en lo que está dibujado. En esta muestra hay unos 50 lienzos enormes, algunos de más de cuatro metros, que ha pintado en los últimos diez años. Se nota mucho la fuerza que tiene a pesar de su edad; usa colores muy potentes y a veces añade cosas como medias de nailon o telas sobre el lienzo. Ver estas figuras boca abajo en las salas rehabilitadas del edificio de 1970, que por cierto ha quedado muy bien tras la reforma, es una experiencia que merece la pena antes de que la quiten.
Ya que estás en el Bellas Artes, aprovecha para ver la muestra de José Antonio Azpilikueta, After Hopper. Son 12 grabados que acaban de llegar al museo como donación y que están totalmente inspirados en el estilo de Edward Hopper. Si te gusta esa estética de escenas solitarias y luces cinematográficas, te va a encantar. Además, en la planta baja han puesto un cuadro que es una joya: una Vista de Bilbao de alrededor del año 1700. Es la imagen pintada más antigua que se conoce de la ciudad y es increíble ver cómo era la ría y el Casco Viejo hace tres siglos comparado con lo que tenemos ahora.
También sigue en marcha Artes de la Tierra en el Guggenheim, que ocupa varias salas de la segunda planta y va sobre cómo los artistas usan materiales orgánicos y se preocupan por el medio ambiente. Hay de todo, desde instalaciones con tierra y especias que huelen a canela, hasta árboles vivos dentro del museo. Entre esto y lo de Mark Leckey, el paseo por Abandoibarra se queda completo. No hace falta ser una experta en arte para disfrutarlo, simplemente con ir y dejarte llevar por los sonidos y las luces de las instalaciones ya desconectas bastante del ruido diario.
Fecha de publicación
24 de febrero de 2026
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