
Si vives en la costa y te apetece cambiar el asfalto por calles blancas sin alejarte demasiado, Alhaurín el Grande es una escapada de un día que sale casi sola. Está en el Valle del Guadalhorce, al pie de la Sierra de Mijas, y desde Benalmádena se llega en coche por la A-404 en unos 35 minutos. Es un pueblo blanco andaluz en toda regla, con una vega llena de cítricos y frutales que se nota en cuanto bajas la ventanilla.
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El casco histórico se recorre sin prisa por la Avenida Gerald Brenan y sus callejuelas. La Plaza Baja guarda la Parroquia Nuestra Señora de la Encarnación, levantada en 1505 sobre una antigua mezquita y declarada Bien de Interés Cultural; la Plaza Alta sirve para descansar a la sombra; y en la Plaza del Convento, junto al Ayuntamiento, hay un mirador desde el que se entiende por qué el pueblo presume de sus vistas. Repartidos por el centro hay restos que cuentan siglos de historia: la Fuente Lucena, con sus doce caños, el Arco del Cobertizo, un fragmento de la muralla del siglo XII que daba entrada a la antigua medina, y las ruinas del Castillo de Fahala, en el Cerro de la Reina, donde se puede ver lo que queda de aquella fortaleza.
Lo que diferencia a Alhaurín del resto de pueblos blancos es su oferta cultural, muy viva para un sitio de su tamaño. El Museo del Pan, en la calle la Cruz, es el primero de España dedicado a este oficio, con lebrillos, hornos árabes y un molino árabe; debajo funciona una panadería y confitería. El Museo del Aceite, frente al polígono Las Rosas, ofrece una visita guiada de unos 90 minutos con cata de tres aceites virgen extra, que recorre la almazara histórica de 1910 y la fábrica actual, con un precio de 29 euros y reserva previa. Hay además un Museo de la Agricultura en el primer piso del Mercado Municipal, con piezas de entre 1870 y 1960, y una Casa-Hermandad Museo en la calle Nueva.
Para comer, la calle Gerald Brenan y la Avenida de la Libertad concentran bares y restaurantes con cocina argentina, india, china, italiana, marisquería o árabe, así que hay sitio para todos los gustos. Si buscas lo típico, pide el gazpacho de invierno (que no lleva tomate), la sopa del puchero con jamón y tocino, el mojete —con bacalao o sardina según la época— o las cachorreñas, y no olvides las migas. De postre, los bollos de aceite, los bizcochos, las polcas, las torrijas con batatas y miel, el pan cateto, las allullas y los buñuelos tradicionales.
Si vas con niños y quieres moverte, el pueblo forma parte de la Gran Senda de Málaga y tiene rutas sencillas: el sendero circular de la Fuente del Acebuche, unos 6,5 kilómetros de dificultad media entre pinos carrascos, palmitos y acebuches; la ruta de Barranco Blanco; el sendero hasta el Castillo de la Mota; o el trayecto Lauro Golf-Fuente de Jarapalos, de 6 kilómetros y dificultad baja por la Sierra de Mijas. Y si te sobra tiempo, el Molino Morisco de Los Corchos, en la ribera del río Fahala, es uno de los pocos molinos hidráulicos tradicionales conservados en la provincia y Patrimonio Inmueble de Andalucía. Un día completo, sin coche largo y con mucho que ver.
Fecha de publicación
11 de agosto de 2026
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