
El Castillo El Bil-Bil ha estrenado una reforma que pasa más allá de un lavado de cara: se ha recuperado el edificio anexo para convertirlo en la nueva Oficina de Información Turística de Benalmádena, y eso ha obligado a reorganizar todo el conjunto. La intervención costó más de 940.000 euros y se enmarca en el Plan de Sostenibilidad Turística en Destino del municipio, dotado con cinco millones, y en el Plan Munitur, de cerca de un millón y medio. La inauguración corrió a cargo de la delegada de la Junta de Andalucía en Málaga, Patricia Navarro, acompañada por el alcalde Juan Antonio Lara y otros cargos autonómicos y locales.
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Lo más práctico para quien se acerque es entender cómo queda repartido el espacio. La Oficina de Turismo se traslada al edificio anexo, ahora recuperado para uso público, con zona de atención, dependencias administrativas, baño adaptado y un espacio expositivo dedicado a la historia y la gastronomía tradicional de Benalmádena. Al mismo tiempo, el edificio principal del castillo gana superficie para usos culturales y expositivos, y se le han reparado fachadas, carpinterías de madera y rejas de protección. En ambos casos se ha apostado por la eficiencia: sustitución del lucernario por uno más eficiente, placas solares, climatización e iluminación sostenible.
La parte tecnológica es lo que más se nota al entrar. La oficina estrena una pantalla LED de cuatro metros de ancho por uno y medio en la zona de acceso, otra de 86 pulgadas en el mostrador y un sistema audiovisual y de sonido por todo el edificio. Pero el plato fuerte son las tres estaciones inmersivas de realidad virtual, con bancos de movimiento, gafas VR y tabletas táctiles, que permiten descubrir la historia y los atractivos de Benalmádena en varios idiomas. Es una buena excusa para acercarse aunque no se tenga un plan concreto.
Para quien no conozca el edificio, conviene recordar qué es exactamente. No es una fortaleza medieval real, sino un palacete construido hacia 1930 por la familia Hermann, de origen hispano-francés, que encargó al arquitecto Enrique Atencia una casa de verano de estilo neomudéjar y neoárabe. El nombre 'Bil-Bil' viene de las iniciales de sus segundos propietarios, los estadounidenses Schestrom: Elsa ('EL'), William ('BIL') y su hijo William. Tras pasar por manos de un mercenario belga que lo dejó en el abandono, el Ayuntamiento lo compró en los años 80 y lo convirtió en Centro Cultural. Hoy es un edificio enlucido en rojo, con azulejos, celosías y yeserías que recuerdan a los palacios nazaríes, y recibe cada año a más de 20.000 visitantes.
La oficina funciona de lunes a viernes de 09:00 a 18:00 y los sábados de 09:00 a 15:00, con los domingos y festivos cerrados, aunque el horario puede cambiar según la programación del castillo. Allí se pueden coger mapas y folletos con los monumentos y zonas turísticas, y también vales de descuento para varios sitios. El edificio principal, convertido en Centro Cultural, conserva cinco salas y un patio central con aforo para cien butacas, donde se celebran actividades y exposiciones. Con esta reforma, el Bil-Bil deja de ser solo un mirador con vistas al Mediterráneo para convertirse en una parada con contenido propio.
Fecha de publicación
16 de agosto de 2026
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